CAPITULO DOS

DEDÉ


Danielle se despertó de forma brusca, agitada y sudorosa, en la oscuridad de su dormitorio compartido. La pesadilla había sido tan real, casi como si hubiera estado allí. Todavía podía sentir en su propia piel los desgarros que había sufrido aquel chico en sus sueños. Se estremeció al recordarlo. Los olores de las flores y el sonido del curso del agua retumbaban en su cabeza.

Posó su mano en el corazón, el cual latía fuera de control. Sacó su móvil, palpando con la mano por debajo de la almohada y miró la hora, eran las cuatro de la mañana, resopló agobiada. Una escasa claridad entraba por la pequeña ventana de la habitación, todavía era de madrugada, pero las luces exteriores del campus, aclaraban una pizca su visión. Se miró las manos, temblaban como flanes encima de una centrifugadora.

—¡Joder, tengo que dejar las drogas! —Sujetó su cabeza con las manos entre las piernas, su pelo estaba húmedo.

Algo se movía entre las sombras, entre risas susurrantes y movimientos de sábanas, Danielle se fijó en que su compañera de cuarto se había saltado las normas y tenía una cita bastante divertida y jadeante. Cogió uno de sus cojines y lo lanzó con fuerza hacia los tortolitos.

—¡Auch! —Protestó su compañera. —¡Dedé! ¡¿Qué coño haces?

—¡Dejad de hacer ruido, guarros! —Contestó ella bromeando.

—¡Duérmete tía! —Le regañó su amiga.

Danielle sonrió pícara y se volvió a recostar. Apoyó de nuevo su cabeza en la almohada, miró involuntariamente hacia la mesilla, había algo brillante que ella no reconocía. Lo cogió para verlo más de cerca, era un anillo de oro con un sello, una cruz roja y dos iniciales, “KA”. Dudó por unos instantes intentando ubicar ese objeto en su memoria, pensó que seguramente sería del chico nocturno de su compañera, así que se levantó y de pies puntillas lo dejó en la mesilla de su amiga. Volvió a la cama, sigilosa y se durmió.

Danielle Dumont estudiaba en la Universidad de Jacksonville, cursaba su tercer año con calificaciones bastante altas. Sus especialidades eran la danza y las artes escénicas, motivo por el cual había escogido esa institución para sus estudios. Jacksonville, o “JU” como lo llamaban sus estudiantes, tenía un buen programa de Bellas artes y Danielle siempre había soñado con ser coreógrafa o una reconocida directora de teatro en el circuito de Broadway. Le encantaba el ballet, la ópera, los giros dramáticos y todo lo relacionado con los cuerpos en movimiento representando sentimientos. Compartía habitación con Elisa, se conocieron el primer año, congeniaron estupendamente y desde entonces fueron inseparables.

Danielle Dumont, era conocida como “Dedé”, apodo que le había otorgado Elisa y que se extendió como la pólvora, no sólo por su pintoresco mote, si no también por la popularidad que se había labrado estos tres años. Dedé tenía fama de fiestera sin límites, una rebelde empedernida, sin miedo a probar o experimentar situaciones y substancias de todo tipo. Intrépida y siempre optimista, era el alma de todas las fiestas. Tenía un carácter muy fuerte, no se dejaba pisotear por nadie, sin embargo, en muchas ocasiones había sido ella la apisonadora, manipulaba a su antojo a las personas de su alrededor con el fin de conseguir siempre lo que se propusiera. Profesores, estudiantes y sobre todo chicos, caían en sus redes, si alguien o algo se le resistía, ella recurría al chantaje, utilizando las debilidades de los demás a su favor. Se le daba muy bien humillar a los demás o usar su larga melena negra y sus ojos verdes como arma de destrucción para hombres. Ella sabía perfectamente la belleza que poseía, con los años había aprendido a sacarle partido. Dedé tenía un cuerpo escultural, sus exuberantes curvas llamaban la atención cada vez que se decidía por un vestido ajustado o unos vaqueros con una simple camiseta. Para ella todo en su vida era perfecto, buenos amigos, estudios deseados, chicos enamoradizos, fiestas a las que siempre era invitada… Todo marchaba como Dedé quería. Al menos en apariencia… si profundizábamos más en su interior, podríamos descubrir secretos que jamás confesaría en voz alta. En verdad estaba incompleta, se sentía realmente sola, sufría en silencio su pasado y ciertas cosas de su presente que mantenía ocultas, debía hacerlo, por su bien, por su popularidad y estatus, nadie debía saberlos.

Danielle Dumont era de Nantes, Francia, ciudad de Leonardo Da Vinci y Julio Verne,por lo que no era de extrañar que Dedé se interesara por lo artístico, a pesar de que le habían prohibido estrictamente amar todo lo relacionado con esos temas. Pertenecía a una familia inflexible y severa que seguía fielmente la doctrina ortodoxa, con normas tradicionales y cristianas, algo que ella jamás había aceptado.

Se despertó con la luz del sol entrando por la ventana, cegando sus preciosos ojos. Su amiga Elisa le había devuelto el golpe de la almohada para que se levantara de una vez.

—¡Venga dormilona! Levántate o no llegarás a clase de método. —Dijo Elisa después de su lanzamiento de cojín.

Dedé se estiró hasta que las yemas de sus dedos hicieron tope en la pared. Las sábanas de su cama se habían caído al suelo, signos de una noche algo movida.

—¿Qué hora es? —Preguntó ella aún somnolienta.

—¡Muy tarde! —Respondió Elisa mientras se vestía, torpemente y con prisas, por toda la habitación. —¡Vamos, no quiero tener que cubrirte otra vez!

—No tienes porqué… —dijo levantándose de un salto de la cama. Se dirigió hacia el espejo rectangular de cuerpo entero que estaba colgado a su derecha y mientras se recogía su larga melena en una coleta, se explicó presumida. —¡Tengo al profesor Harris comiendo de la palma de mi mano! Cuando acabe el semestre tendré matrícula de honor. —Dedé sonrió traviesa sin dejar de mirar su reflejo.

—¡Eres un zorrón! —Elisa le siguió la picardía dándole una palmada en el trasero a su amiga.

—¡No! ¡No es lo que crees! Es muy fácil menear mis pestañas y sacarle provecho a Harris, es un hombre solitario y con baja autoestima. Si vistiera mejor seguro que más de una estaría rellenando sus libros con su nombre. El pobre no sabe que los chalecos de lana se usaban en la prehistoria para avivar el fuego.

Elisa soltó una carcajada y ambas rieron.

—¡Oye! ¿Te has acostado con algún “Kappa” de otra “uni”? ¡No me lo habías dicho! —Dijo Elisa.

—¡¿Qué?! No, ¿por qué? —A Dedé le sorprendió su pregunta.

Elisa se acercó y le mostró el anillo.

—¿Esto no es de alguna de tus conquistas?

—No, lo encontré anoche en mi mesilla, creí que era de tu amante fogoso de ayer…

—¿Por qué iba a ser de él si estaba en tu mesilla? —Preguntó Elisa.

Dedé se encogió de hombros.

—Pues no es mío… —Cogió el anillo entre sus dedos y lo revisó por todos lados. Se fijó de nuevo en los grabados de la cruz y de las letras “KA”.

—Además, el chico de ayer, no es universitario. Se llama Ron, creo… ¿o era Ryan? —Elisa se quedó pensativa. —¡Qué más da, no creo que vuelva a verlo, es un poco plasta! Lo conocí ayer en el centro comercial, es agente inmobiliario. ¿Sabes que conoce a un montón de famosos? Al parecer una de las casas que intenta vender es de un director reconocido en Hollywood. Intenté sacarle el nombre con mis encantos, pero no soltó prenda. —Contaba Elisa mientras reorganizaba sus cosas por el cuarto. Dedé la escuchaba sin prestar mucha atención, seguía observando el anillo, intentando recordar porqué le resultaba tan familiar.

—¡Oye! ¿Por qué me has preguntado si me he acostado con un Kappa de otra universidad? —Preguntó Dedé.

—Pues porque ese anillo es de un “Kappa”. —Se acercó de nuevo a su amiga. —Mira, “KA”, Kappa. —Señaló. —Mi padre tenía uno igual pero con diferente insignia. Tiene que ser de otra “uni”.

—¡¿De cuál?! —Preguntó Dedé confusa.

—Vete a saber, últimamente hemos tenido bastantes fiestas… —Elisa miró el anillo una vez más. —Aunque me conozco todos los escudos de las universidades de por aquí y esta no me suena de nada. Seguramente sea de otro estado.

—¡¿Y qué hace aquí un anillo de otro estado?! —Exclamó Dedé.

—¡Y yo qué sé! Algún estudiante de aquí se habrá traído a algún colega de fuera. —Elisa encogió los hombros.

Dedé se quedó pensativa, todo aquello le parecía muy extraño.

—Bueno, yo me piro. ¿Te vienes? —Elisa cogió su chaqueta y con los libros en la mano abrió la puerta para salir.

—Si, ahora voy, tengo que arreglarme.

—Ok, después nos vemos. —Iba a salir hasta que Dedé la frenó.

—¡Eli! No deberías descartar tan pronto al agente inmobiliario, puede que al final sea beneficioso. —Aconsejó a su amiga dando a entender que en el fondo la había escuchado.

—¡Tú eres la experta! —Le guiñó el ojo y se marchó cerrando la puerta tras de sí.

Dedé dejó el anillo donde lo había encontrado, cogió una toalla de su armario y se metió en el baño. Le gustaba escuchar música mientras se duchaba, así que encendió la radio matutina, en aquel momento sonaba “Héroes” de David Bowie, una canción que a Dedé le levantaba el ánimo. Abrió el grifo y el agua empezó a salir con fuerza por la alcachofa, mientras ella se quitaba la ropa, el vaho acaparaba poco a poco el espejo del lavabo. Se recogió su larga coleta en un moño despeinado muy favorecedor y se metió dentro. Se frotaba su cuerpo con una esponja natural llena de jabón con olor a lavanda y cantaba los pedazos de estrofas que sí se sabía de la canción. Meneando las caderas al son, Dedé tenía poca prisa por hacer acto de presencia en su clase de método.

La canción se paró casi hacia el final, el locutor y presentador del programa quería dar las últimas noticias.

—“¡Buenos días Florida, estado del sol! ¿Cómo te has levantado hoy? Espero que mejor que Arizona. Al parecer, ayer, uno de los alumnos de Northern desapareció durante una excursión a las Islas Griegas. ¡Dicen que en misteriosas circunstancias! ¿Seguro…? ¿Han mirado en los bares? ¡Bueno, esperemos que aparezca pronto y pueda seguir haciendo de las suyas con su hermandad en “Kappa!” Y continuamos con nuevas noticias de nuestro queridísimo gobernador, que nos trae nuevas actividades durante las próximas vacaciones de…”

Dedé cogió la toalla que había colgado previamente en la mampara y salió de la ducha como un cohete al escuchar la noticia de la radio. Se quedó petrificada al oír que un chico de Arizona había desaparecido en las islas Griegas. ¡Había soñado esa misma noche con ese terrible suceso! Esa pesadilla que la despertó sudorosa y agitada a las cuatro de la madrugada, la que le aceleró el corazón de tal manera que casi se le había salido por la boca, un sueño tan horrible y tan real…

Pensó que quizás solo era una coincidencia, que quizás lo había oído o visto en alguna parte la tarde anterior. Seguía mirando la radio fijamente, paralizada, mientras el locutor continuaba con sus noticias del día, esperando que ese antiguo transistor le diera alguna respuesta más concreta. Un hormigueo le recorrió el cuerpo, su imaginación le hizo pensar que quizás tenía alguna habilidad psíquica oculta, se lo creyó durante unos segundos, meneó la cabeza negándoselo a sí misma y después reaccionó.

—¡No, es imposible! —Limpió el vaho del espejo con otra toalla más pequeña y se soltó el moño, con un cepillo se repasó el pelo hasta quedar satisfecha con su imagen. Se acercó para verse más de cerca. —Tengo que ir a hacerme un peeling. —dijo tocándose la barbilla.

Tras vestirse con unas mallas de deporte muy ajustadas, un top que sujetaba sus pechos de forma turgente y calzarse unas zapatillas de deporte, Dedé cogió una sudadera y su bolsa bandolera de piel negra, en ella metió sus apuntes y varios libros de estudio. Estaba preparada, por fin, para asistir a su siguiente clase. Se dispuso a salir por la puerta y cuando iba a marcharse, el anillo con el sello que había dejado en su mesilla, comenzó a brillar de forma muy intensa. Dedé se giró y vio cómo el objeto desprendía un halo de luz cegador y penetrante, lo miró perpleja y algo asustada, pensó que la mezcla de drogas, alcohol y relajantes musculares del día anterior, no habían sido muy buena idea.

Se acercó hacia la mesilla muy despacio, dando pasos lentos y premeditados, la luz era cada vez más fuerte y dorada, como el mismo sol. A cada paso que daba, Dedé se preguntaba si era buena idea estar allí ella sola, frente a esa situación, y además acercarse a lo que parecía bastante peligroso, pero algo imperceptible la empujaba, casi de manera involuntaria, como un enorme imán seductor atrayendo su cuerpo. Cuando estuvo a pocos centímetros de él, éste dejó de brillar y empezó a temblar y rebotar con fuerza por toda la mesilla. Nerviosa estiró su mano y con rapidez cogió el anillo, encerrándolo con fuerza dentro de su palma. Sin pensarlo y sin mirarlo, lo metió dentro de su bolsa como si tratara de encarcelar a un ser maligno. Tenía la cara descompuesta, el cuerpo tembloroso, no daba crédito a lo que había sucedido.

—¡Pero qué cojones…! —Dijo Dedé para sí misma.

Sin duda algo extraño y misterioso había llegado a su, aparentemente, vida perfecta.

¡NOS VEMOS EN EL SIGUIENTE CAPITULO!

¡No olvidéis suscribiros al newsletter! Recibiréis un correo electrónico con todos los nuevos capítulos y post que vaya subiendo.

Únete a 60 seguidores más

4 comentarios en “CAPITULO DOS

  1. 👋👋👋😍ME ENCANTA Y ESTOY INTRIGADA POR SABER MÁS!! ES COMO CUANDO VES UNA SERIE Y TE CORTAN EN EL MOMENTO MÁS INTERESANTE QUE TE HACE PENSAR.. MAÑANA NO ME LO PIERDO QUE QUIERO VER COMO SIGUE!! UN BESO MI FIEL ESCRITORA!! SOY TU MAYOR FAN😘

    Le gusta a 1 persona

Responder a Yolanda Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s