CAPITULO NUEVE

Imagen de Comfreak en Pixabay 

¿TE ARREPIENTES?


—¡Oiga, sáqueme de aquí! —Dedé, encarcelada en la oficina del Sheriff, golpeaba los barrotes para llamar la atención de varios policías que solo se dedicaban a charlar y tomar café. —¡Les estoy hablando! ¡¿Es que no me oyen?!

Los policías detuvieron su amistosa conversación para mirar con desprecio a Dedé.

—No te esfuerces chata, no van a hacerte caso, ¡son unos capullos! —Dijo una de las presas.

Varias mujeres, con vestimenta algo provocativa, despeinadas por el maltrato de la noche y el maquillaje emborronado, compartían celda con Dedé. El ambiente en aquella jaula era demasiado cargante, entre el olor a sudor y a perfume barato, mezclado con la resignación y la falta de sexo por dinero, Dedé estaba perdiendo la calma, más bien ya la había perdido hacía un buen rato.

—¡¡No pueden encerrarme aquí!! ¡¡Tengo mis derechos!! —Continuaba golpeando los barrotes sin descanso.

—¡Chica! Será mejor que lo dejes, pasarás aquí toda la noche, guarda energías. —Le aconsejó de nuevo la prisionera.

—¡Escucha, pesada de los huevos! Haré lo que me de la gana, gritaré toda la maldita noche, tendrás que aguantarte. No me hables como a una de tus colegas de esquina, yo no soy como vosotras. —Contestó alterada.

—¡¿Cómo dices niñata?! —La presa se levantó del suelo y junto a ella todas las demás. Se acercaron a Dedé con intenciones algo violentas.

Dedé se dio cuenta de lo poco acertada que estuvo con esas palabras y se alejó dos centímetros, apoyándose en los barrotes.

—¡Eh, no quiero problemas! ¿Vale? —Levantó sus brazos a la altura de sus hombros como si estuviera frente a un atraco inminente. Las mujeres se acercaban a ella con cara de muy pocas amigas. —¡¡Guardias!! —Gritó ella.

Uno de los guardias se acercó a la celda.

—Danielle Dumont. —-El guardia abrió la puerta, haciendo un ruido tintineante con el llavero, que chocaba contra los barrotes. —Puede hacer su llamada.

—¡Oh, gracias a dios! —Dijo aliviada. Salió de la celda, no sin antes mirar a las presas con miedo. Ellas, en cambio, clavaron su mirada de batalla en Dedé.

—Siéntese aquí. —El guardia la empujó levemente en una silla fría y dura, como las de las salas de espera de un hospital. —¡Tiene dos minutos! —Dijo tajante.

Dedé vio el teléfono fijo que estaba frente a ella. Las esposas le incomodaban, le hacían daño en sus delgadas y finas muñecas. Con las dos manos apresadas, descolgó el auricular y marcó uno a uno los números.

—¡Elisa, Elisa soy Dedé!

—“¡Eh! ¿Dónde estabas?” —Contestó con voz preocupada su amiga.

—¡Oye, tienes que venir a buscarme, me han detenido!

—“¿Detenido? ¿Por qué?”

—Han creído que lo de ir a buscarte al bosque fue una broma pesada y me han metido en el calabozo. —Explicó. —¡Tienes que venir y explicarles que no era mentira, que estabas allí porque alguien te perseguía y me llamaste para que te ayudara. —Hubo un silencio, el cual a Dedé le pareció eterno. —¡Elisa! ¿Me oyes? ¡Tienes que sacarme de aquí!

—“¡Tía…! ¿Qué te has metido?” —Elisa rió. —“¡Estás fatal! Mira, si te han pillado haciendo una gamberrada de las tuyas, lo siento, pero no voy a ayudarte. ¡De esta sales tú solita!”.

—¡¿Pero qué estás diciendo?! ¡Elisa, no estoy para bromas! Fui hasta el maldito bosque, me calé entera por la tormenta y me metí entre el barro y los árboles, yo sola para ir a rescatarte. ¡Así que, no me jodas y ven a sacarme de aquí! —Dedé no se esperaba que su amiga le hiciera esa jugarreta.

—“¡Ey, tranquilízate! No sé en qué movidas te has metido, pero yo no te he llamado! ¡No sé de qué me estás hablando!” —Elisa también empezaba a enfadarse, estaba harta de las aventuras de su amiga. —“Si la poli te ha pillado, se siente. A ver si así aprendes algo, tienes toda la noche para reflexionar”.

—¡No me fastidies! ¡Esta bromita tuya, te va a salir muy cara! —Contestó Dedé.

—“Lo siento, te veré mañana”.

—¡¡Elisa, ni se te ocurra colgarme!! —Su amiga colgó.

Dedé se quedó perpleja ante su actitud, no se esperaba eso de su compañera. ¿Le había engañado para gastarle una broma? ¿Cómo era posible que se hiciera la despistada ante tal situación? ¿Y ahora qué…? Dedé miró hacia su nuevo dormitorio decorado con barrotes blancos y a sus nuevas compañeras de cuarto. La miraban con ganas de bulla, preparadas para ponerle la cara como un cuadro Kandinski.

—Van a matarme… —Dijo, mientras el policía la sujetaba por el brazo y la encaminaba hacia su agitado encierro.

El profesor Harris se dirigía a toda mecha hacia la biblioteca, recorriendo los caminos cementados con pasos rápidos y gigantes. Se le notaba por sus maneras y su velocidad, que no estaba muy contento esa mañana. Llevaba una sola hoja que sujetaba con fuerza en su mano derecha, mientras se impulsaba con la mano izquierda, como un coche deportivo, que utiliza su alerón para menor resistencia al aire. Esa hoja, que se estrujaba entre sus dedos con enfado y se ondulaba con el aire, contenía los datos de solicitud de ayudante de profesorado. Al parecer, a Harris ya le había llegado la petición de Dedé para ese puesto y sabía que Marion la había rellenado desde la biblioteca, no le había hecho mucha gracia. Había impreso el formulario para que su cabreada ponencia no pudiera ser desvalorizada por las mentiras de Danielle Dumont, en resumen, para el profesor Harris eran muy importantes las pruebas, ir siempre bien documentado era un reflejo de responsabilidad y orden. De ahí su insistencia por estar rodeado siempre de libros. Pruebas y más pruebas de lo sucedido en la historia.

Cuando estaba casi en la entrada, pudo ver a varios estudiantes impacientados en la recepción. Le sorprendió gratamente que tantos alumnos hubieran tomado la decisión de llenar la biblioteca, en vez de reventar la cafetería consumiendo cervezas, infestar los baños de humo alucinógeno u orquestar los pasillos de las habitaciones con gemidos lujuriosos. Aunque al mismo tiempo le pareció insólito.

Dentro, se acercó a los estudiantes que hacían cola frente a la mesa de Marion Green.

—¿Qué ocurre aquí? —Preguntó a una alumna.

—Marion no está. Estamos esperando a que alguien nos atienda. —Respondió malhumorada.

—¡Eso es imposible, la señorita Green jamás falta a su puesto de trabajo! Siempre avisa con antelación si necesita salir por algún tema personal. —La alumna se encogió de hombros. Harris miró hacia la mesa de la bibliotecaria. —Vale yo me ocuparé de vuestras peticiones. En seguida os atiendo.

Harris se sacó su chaqueta marrón de pana desgastada con remiendos beige de ante en los codos; y se sentó en la silla para ayudar a los estudiantes.

—Vale, vamos allá, ¿qué necesitas? —Le dijo al primero de la fila.

—Me llevo estos dos y devuelvo este. —Dijo él.

El profesor cogió los libros y se posicionó frente a la pantalla del ordenador. Al observar el escritorio con las cosas de Marion, vio el misterioso y absorbente libro. Se quedó ahí mirándolo durante unos segundos. El alumno que aguardaba en la fila, empezaba a impacientarse.

—Profesor Harris, ¿se encuentra bien?

Estaba quieto como una estatua, serio, muy serio. Sabía perfectamente lo que estaba viendo y también sabía el poder que aquellas páginas contenían. Se fijó en que las cosas de Marion todavía estaban en la mesa. Su teléfono, su bolsa, sus libros de estudios.

—¡Esto es malo, muy malo! —Pronunció medio ido.

—Profesor, necesito estos libros. ¿Oiga? —El alumno llamó su atención.

—¡¿Eh?! Si, perdona… Ahora mismo os atiendo, un segundito. —Cogió el teléfono fijo que había encima de la mesa y marcó acelerado. —¡Necesito tu ayuda, es importante! …Si, en una hora… De acuerdo. —Colgó.

Harris se levantó del asiento con prisas, fue hacia una papelera del pasillo y apurado, la vació en el suelo con agitación. Los alumnos lo observaban extrañados. El profesor tenía fama de excéntrico y raro por lo que, su comportamiento no era del todo anormal. Con la papelera en la mano, volvió al escritorio y ayudándose con un bolígrafo, empujó el libro para arrastrarlo hasta el interior. Una vez dentro, dejó el bolígrafo y sacó la bolsa de la papelera. Cogió el teléfono móvil de Marion y se lo metió en el bolsillo.

—Lo siento chicos, informaré de esta situación en jefatura. Os prometo que pronto vendrá alguien para atenderos. —Los alumnos empezaron a abuchear y a resoplar. —¡Lo siento, yo tengo que irme!

Harris salió disparado, mientras los alumnos seguían con sus quejas. Con mucho cuidado, sujetaba la bolsa casi en el aire, no quería tener ningún roce con aquel ejemplar. Estaba claro que él sabía muchas cosas a cerca del libro. Sacó el teléfono móvil de Marion del bolsillo y mientras caminaba a toda prisa, de nuevo recorriendo los caminos cementados del campus, revisó la última llamada que su alumna había realizado. Y allí estaba…

—¡¿Cómo no?! ¡Danielle Dumont! ¡No podía ser de otra manera! —Dijo ladeando la cabeza hacia los lados en señal de desaprobación. Se dirigió hacia el aparcamiento. Metió la bolsa, que contenía el libro, en el maletero. Se metió en el coche, pero antes de arrancar, le dio a rellamar en el móvil de Marion. Necesitaba hablar con Danielle. Nadie contestó. Se bajó del coche de nuevo con fastidio y se dirigió hacia las residencias.

—¡Maldita sea! —Juró mirando su reloj de pulsera. Tenía mucha prisa por llegar a aquella cita que había acordado por teléfono.

Atravesó recibidores y pasillos, preguntando a varios alumnos por la ubicación del cuarto de Dedé, hasta que llegó a la misma puerta. Llamó varias veces con ímpetu, golpeándola sin intención de parar hasta que le abriesen.

—¡Señorita Dumont, soy el profesor Harris! ¡Necesito hablar con usted! ¿Señorita Dumont? —Dijo varias veces.

Elisa entreabrió la puerta. Estaba despeinada, se ponía la parte de arriba de su pijama a toda prisa, ocultándose detrás de la puerta.

—¡Profesor Harris! ¿Va todo bien? —Preguntó.

—¡Señorita Martínez! —Harris desvió la mirada hacia otro lado avergonzado por la falta de decoro de su alumna. —Necesito hablar con la señorita Dumont, ¿está ella aquí?

—No, lo siento profesor. Danielle no ha pasado aquí la noche. —Contestó.

Había alguien más, a parte de Elisa, en aquella habitación. El agua de la ducha y unos cánticos pop, modernos y masculinos, se oían desde la puerta. Era evidente que no estaba sola. —¡Oh, lo siento, he interrumpido su ejercicio matinal! —Exclamó sarcástico.

—¡Disculpe, pero eso no es asunto suyo y tampoco es asunto mío saber en qué demonios anda metida mi compañera! ¡Al menos, ya no! —Protestó Elisa ofendida.

—Perdone señorita Martínez. —Se disculpó. —Por su voz puedo apreciar que hay un tema de discordia entre ustedes, ¿ha sucedido algo?

—No, no se preocupe, tonterías de universitarios.

—Ya, bueno, pues…, es que necesito hablar con ella, ¿entiende? Es muy relevante y de suma importancia que hable con ella. —Dijo nervioso. A Elisa le extrañó mucho verlo en ese estado.

—Ya le he dicho que no sé dónde está. últimamente hace cosas muy raras, ni siquiera yo puedo seguirla. Si la encuentra, dígale de mi parte que sigo esperando una disculpa. —Dijo algo apenada.

Harris asintió apretando los labios. Elisa cerró la puerta.

El profesor salió corriendo hacia su coche con mucha prisa. Debía llegar a tiempo a aquella cita, era de vital importancia. Miraba su reloj sin parar, mientras agilizaba sus pasos.

—¡Tengo que llegar! —Se repetía a sí mismo.

Elisa, tras cerrar la puerta, se echó encima de la cama dejando caer su cuerpo como las piedras que rebotan en un lago haciendo ondas. Cogió su teléfono y revisó sus notificaciones de las redes sociales. Varias fotos, de ellas juntas, llenaban la pantalla. Sonrientes en fiestas, unidas por alegres actividades. Elisa las miraba con nostalgia. Varias lágrimas se posaron en las cuencas de sus ojos a punto de estallar.

—¿Te arrepientes? —Luke, Mike o quién quiera que fuese, salió del cuarto de baño, con el pelo mojado y poniéndose una camiseta deportiva. Miraba a Elisa desde la puerta.

Recordando, para Elisa era Luke, su dios, su amante y ahora su carcelero. Para Dedé era Mike, el joven ahogado y mutilado en lago, aunque recientemente había descubierto que su apariencia no era exactamente todo lo que escondía dentro.

—No. —Contestó Elisa algo dudosa.

Elisa había sucumbido a las manipulaciones de su dios, aunque no podía evitar sentirse una escoria por hacerle eso a su amiga.

—Recuerda, necesitamos que crean que es una persona desequilibrada, necesitamos que ella misma lo crea. Es lo mejor para ella. —Dijo él mientras se acostaba al lado de Elisa para acariciarle su espalda.

—Si, lo sé. Sé que es bueno para ella. —Dijo mirando aún las fotos de su teléfono. —Lo entiendo. —Su dios la besó en la frente.

—Ese profesor…

—¿El profesor Harris?

—Si, ¿va a ser un problema para mí? —Preguntó él.

—¡No! —Contestó Elisa con miedo. —Es inofensivo, no te preocupes, seguro que solo la busca para suspenderla en su asignatura. Es un rarito. —Elisa no quería que su dios le hiciera ningún daño a nadie más.

—Bien. —Contestó él.

Elisa continuó mirando sus fotos, tendida en la cama. Él, miraba fijamente la puerta por la que había salido el profesor Harris. No estaba muy convencido, de que aquel tímido y mal vestido hombre, no le fuera a perjudicar más adelante. Sin duda, se adelantaría a aquella situación.

¿CON QUIÉN HABRÁ QUEDADO HARRIS?

¿POR QUÉ ELISA TRAICIONA A DEDÉ?

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  1. Cuanta intriga!! No puedo dormir sin intentar de leer el siguiente!! Necesito saber más y seguir leyendo!! Gracias mi autora…

  2. ¡Hola mi Délfica! Muchas gracias a tí, Silvia ❤️ y a todos los que me leéis y apoyáis cada día.…

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4 comentarios en “CAPITULO NUEVE

  1. No puedo estar más enganchada!!!! Cada vez que me llega el mail que me avisa de que está disponible un nuevo capítulo voy corriendo a leerlo. Me encanta ésta idea y me encanta como escribes, eres una autora genial. Deseando el miércoles para el 10 😊

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  2. Esto promete!! Estoy tan enganchada que imagino cosas antes de que suceda!! Porque lo de Luke y Mike creo que son una misma persona poseído por quién sabe?? Bueno ya lo sabré cuando siga leyendo los siguientes capítulos 😜y ese profesor Harris sabe más de lo que dice!! Enhorabuena mi querida autora!!

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  3. Sobre el capítulo 10! Es muy interesante!! Primero aparece un tal George para ayudar a Dedé y luego esa mujer tan extraña Eugine que a medida Iba leyendo me parecía algo sospechosa. No me parecía trigo limpio!! Bueno habrá que seguir leyendo para saber lo que esconde ese libro tan extraño, ya que aparece gente mítica!! Enhorabuena mi querida autora👍😘

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