CAPITULO SIETE

VA A POR TI


—¡Marion! ¡¿Qué coño estás diciendo?! —Preguntó Dedé inquieta.

Pensó que quizás ella había tenido razón poniéndole a Marion diferentes tipos de motes insultantes. Viendo su reacción frente a un simple libro, le pareció algo loca y absurda. Una friki en toda regla. Las mofas estaban justificadas.

Marion seguía mirando aquella cubierta, con las letras grabadas bien grandes, absorta en sus cantos y pieles curtidas. Asombrada por tener delante suya una reliquia tan importante y utópica.

—¡Danielle, no tienes ni idea de lo que esto supone! —Exclamó con la voz entrecortada.

—¡¿El qué?! ¡No te entiendo!

—Este libro no debería estar aquí, está claro que alguien o algo lo trajo a este mundo y me temo que no es para nada bueno. —Explicó misteriosa en voz muy baja.

—¡Quieres dejar de desvariar, friki-empollona y decirme de que cojones me estás hablando! —Dedé empezaba a impacientarse.

—Mira, ¿ves esto? —Marion señaló las letras grabadas.

—Sí y ¿qué? ¡Son letras…! —Dijo sin interés.

—No, no son sólo letras, mira más de cerca. Toma. —Marion le prestó una lupa de su escritorio.

Dedé, a regañadientes y resoplando por la nariz con fuerza, arrancó la lupa de las manos de Marion con rudeza. Antes de parecer una estúpida mirando a través de una lupa, unas ridículas letras, Dedé se aseguró de que ningún estudiante del campus las observara. Colocó la lente a pocos centímetros del grabado y se acercó. Lo que vio después la dejó atónita, se separó rápidamente del libro y miro a Marion con los ojos como platos.

—¡¿Pero qué demonios es esto?! —Preguntó sorprendida. —¡Las putas letras están brillando! ¡Se mueven!

—¿Lo ves? Te digo que este libro no es de aquí.

—¡Esto es imposible! ¡Tiene que haber una explicación! —Dedé cogió el libro entre sus manos con la intención de abrirlo, pero Marion la detuvo.

—¡¡¡No!!! ¡¿Qué haces?! —Voceó asustada.

—¡¿Qué!?

—¡¿Estás loca?! ¡No puedes abrirlo! —Marion hizo una pequeña pausa y se explicó. —Si es lo que creo que es, no podemos abrirlo. Según las mitologías, este libro está maldito, lo que significa que está protegido para que ningún mortal terrestre lo abra.

—¿Y qué va a hacerme un libro? ¿Convertirme en rana? —Contestó Dedé bromista.

—Basándome en los manuscritos y leyendas que he leído, ¡este libro podría hacer que desaparecieras! ¡Puf! —Representó sus palabras moviendo sus manos como un mago. —Tus moléculas se esparcirían por el aire y dejarías de existir.

—¡Ja, ja, ja! —Soltó una risotada. — ¡No digas chorradas, anda! —Dedé se dispuso a abrir el libro.

—¡¡Te digo que es peligroso!! —Marion sujetó su muñeca como último intento por detenerla.

—¡Oye, me estás poniendo de los nervios! ¡Tranquilízate! Ya lo he abierto antes y sigo aquí, ¿no?

—¿¡Ya lo abriste antes!?

Dedé asintió con la cabeza con desaire. Acto seguido, abrió su portada con cuidado, a pesar de que no se creía las tonterías que la friki bibliotecaria soltaba por la boca, tenía sus dudas. Marion se echó hacia atrás, creía que algún tipo de onda expansiva iba a destruirla a ella también. La tapa se abrió del todo, la cara de Marion era de expectación, pero no sucedió nada. Una simple guarda antigua y amarillenta, con un símbolo estampado repetido, formando un mosaico por toda la hoja. Ambas se miraron. Dedé pasó la página para ver qué se ocultaba detrás, en el fondo esperaba que ocurriese algo increíble e inexplicable, pero solo había una portadilla con unas grandes letras escritas en otro idioma.

Θεοί

—¿Qué significa? —Preguntó Dedé.

—¡Hum… no sé, creo que es algún tipo de lenguaje fenicio o algo así!

—¿O algo así? ¡Tú eres la experta de esta cosa! —Contestó Dedé.

—Si y tú lo has abierto sin ningún problema, ¡además eres tú quién lo ha traído! —Replicó Marion.

—Te repito que a este puñetero libro no le pasa nada y yo no lo he traído, es de mi compañera de cuarto. —Dijo con superioridad, a Dedé no le gustaba que nadie le contestara. Justo en ese momento su teléfono móvil empezó a sonar. En la pantalla estaba el nombre de Elisa. Descolgó. —¡Ey! ¿Qué pasa? ¿Ya se te ha pasado el cabreo?… ¡Elisa, habla más despacio, no te entiendo! … —Dedé se levantó de la silla. Elisa la llamaba pidiendo ayuda, algo le había sucedido. —¡Vale, tranquilízate! ¿Dónde estás? … ¡Voy para allá!

Dedé estaba preocupada, colgó el teléfono y empezó a recoger sus cosas.

—¿Qué ha pasado? —Pregunto Marion. —¿Estás bien?

—¡No, no estoy bien! Me ha llamado mi amiga, algo de que la han seguido hacia el bosque y está aterrada. ¡Algún capullo universitario que quiere hacerse el gracioso! ¡Como lo pille le voy a dejar la cara como un mapa!

—¿Y qué hacía ella en el bosque? —Preguntó Marion desconfiada.

—Suele ir al RiverHouse, a coger comida para llevar, cuando está agobiada. Se habrá adentrado en el bosque cuando sintió que la seguían. ¡Voy a buscarla! ¿Te importa si dejo aquí mis cosas? Luego pasaré a recogerlas.

—Sí, claro, sin problema. —Marion miró el libro con miedo. —Buscaré algo sobre estos símbolos en la red, si encuentro algo te llamaré.

—¡Perfecto, gracias Marion! Te debo una. —Voceó Dedé ya desde la puerta.

—En verdad me debes unas cuantas… —Contestó para sí misma.

Dedé corrió hacia el aparcamiento, allí estaba su coche, pensó que el bosque no estaba lejos, pero que así llegaría más rápido. Esa zona tenía una extensión muy grande y poca afluencia de gente. La zona verde, como la llamaban allí, era un terreno algo fangoso; y por desgracia, esa tarde había tormenta. Dedé aparcó frente al pub de comida, apagó el motor y sacó su móvil para llamar a Elisa.

—¡Vamos, Elisa cógelo! —Daba tono pero nadie contestó. —¡Mierda!

Estaba lloviendo a cántaros y las nubes interrumpían la claridad del sol, eran ya casi las siete de la tarde, dentro de pocas horas el día se haría noche. Dedé decidió salir del coche sin más abrigo que una pequeña linterna de la guantera. Se dirigió hacia los árboles cubriéndose la cabeza con el cuello de su chaqueta.

—¡Elisa! ¡Elisa! ¿Dónde estás? —Llamaba a su amiga mientras caminaba apurada entre el barro, la lluvia y las monstruosas ramas de aquellos castaños. —¡Elisa, soy Dedé! ¡Sal, aquí no hay nadie! —No obtuvo respuesta.

Se detuvo un momento, si se adentraba más correría el riesgo de no ver nada y perderse. Pero su amiga estaba en peligro y debía hacer algo. Cogió su teléfono de nuevo y marcó el número de emergencias.

—¿Hola? Si, mi amiga me ha llamado asustada, creo que se ha perdido en el bosque de River Road. He venido a buscarla pero no la encuentro, ¿pueden ayudarme? … Sí, de acuerdo, esperaré. —Dedé colgó el teléfono y volvió a marcar el número de Elisa, quizás si oía su móvil a distancia podría encontrarla.

—Dedé… —Elisa contestó.

—¡¿Tía, dónde estás?! ¡He venido a buscarte! ¿Estás bien? —Dijo sorprendida de que le contestara.

—¡Dedé, lo siento…! —Su voz era casi inaudible.

—¡¿Qué dices boba?! ¿Para qué están las amigas? ¡Venga, dime dónde estás que voy hacia ti! —Dedé comenzó a andar de nuevo por inercia, sin un destino concreto.

—¡Yo no quería, él me obligó! —Dijo ella sollozando. —¡Lo siento Dedé, lo siento…!

—¿Quién te obligó? ¡¿Quién ha sido el cabrón que te ha puesto la mano encima?! ¡Te juro que lo voy a matar! ¿Me oyes? —Dijo enfurecida.

—¡No, tú no lo entiendes! ¡No es a mí a quién quiere!

—¿Qué? —Dedé estaba confusa.

—Es a ti. Va a por ti.

—¿De qué estás hablando? —Se detuvo de nuevo y la lluvia cesó, pero la noche ya estaba encima de aquellos inmensos árboles.

—¡Hola Danielle! —Un joven apareció, a unos metros, detrás de ella. —¡Por fin nos conocemos!

—¡¡Sal de ahí, Dedé, vete!!— Gritó Elisa, a través del telefono, previniendo a su amiga. —¡Corre Dedé, corre!

Dedé se dio la vuelta y lo vio. Un joven apuesto y fuerte que salía de entre los árboles se acercaba hacia ella. No pudo distinguir sus facciones, las sombras y la noche impedían que lo viera con claridad. Ella estaba atónita, ¿qué tipo de broma o trampa le había preparado su amiga? No podía reaccionar, seguía allí de pie, intentando descifrar aquella cara y aquella voz que le resultaba tan familiar. El chico se acercó despacio un poco más.

—Tenia muchas ganas de estar a solas contigo. —Tenue, calmada. Sin duda Dedé había escuchado ya esa voz.

Unos pasos más, a pocos metros de ella y una pequeña claridad dejó ver su rostro, entre los rayos inmortales del anochecer y el brillo de la tímida luna que tardaba en aparecer. Entonces lo vio, lo reconoció.

—¡Dedé, por favor, tienes que irte de ahí! —Elisa voceaba a través de la llamada sin descanso. —¡Dedé! ¡¿Me oyes?!

Danielle Dumont, inerte, quieta, penetrada en el suelo como las gigantescas raíces de aquellos árboles, no era capaz ni de pestañear. El teléfono que sostenía en su mano, apretado contra su oído, se le resbaló y mientras caía al suelo con lentitud, su mente se llenaba de mil millones de preguntas imposibles. Y fue entonces cuando pronunció su nombre.

—¡¿Mike?!

¿ESTÁ MIKE VIVO?

¿ENCONTRARÁ MARION ALGUNA RESPUESTA SOBRE EL LIBRO?

DESCÚBRELO EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO

CADA LUNES, MIÉRCOLES Y JUEVES EN PITIA DE DELFOS

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CAPITULO SEIS

¡CUANDO YO TE LO DIGA! Elisa salió de la biblioteca como un rayo enfurecido, sin reparar en que había dejado todas sus pertenencias de estudio encima de la mesa, a veces su carácter era así, tan impredecible y brusco como un tsunami arrasador. Dedé ya estaba acostumbrada a sus reacciones ardientes, era una característica latina … Sigue leyendo CAPITULO SEIS

CAPITULO UNO

¡NO TIENE GRACIA!


—¡Vamos chicos, no os quedéis atrás! — Animaba la instructora. — Queda mucho por ver y sólo tenemos dos horas… — Se apartó hacia el borde del camino, contando mentalmente la fila de alumnos universitarios, asegurándose de que no le faltaba nadie. — ¡James apaga ese cigarrillo! ¡Por dios Calvin, deja ya de comer, te va a dar un infarto!

—- Disculpe Miss Rose, pero discrepo… El intelecto del metabolismo humano es muy dispar entre diferentes sujetos. El desarrollo de mi ingestión y absorción de nutrientes es verdaderamente heteróclita. ¡No lo digo yo! En 1935, fue descubierto por Hans Adolf Krebs que los alimentos previamente ingeridos… — Calvin se expresaba petulante, demostrando la mayor y única de sus cualidades, el no tener vida social y haberle dedicado todo su tiempo libre a absorber libros.

La instructora Miss Rose, entornaba los ojos al mismo tiempo que soltaba un pesado resoplido.

— ¡Vale, vale, nadie quiere oír ahora tus estupendos conocimientos, Calvin! — Apoyó con desgana y levemente su mano en el hombro de Calvin, indicándole que continuara el camino. — ¡Malditos adolescentes sabelotodo! — Dijo ella para sí misma exasperada.

Los estudiantes caminaban en fila y por parejas sobre un sendero rocoso, entre la espesura de árboles comunes y pinares. La falta de disciplina y el bullicio adolescente, hacían que Miss Rose se estresara aún más. No era para menos, los exámenes finales habían terminado, el verano estaba a la vuelta de la esquina y habían conseguido engañar a dos profesores para una excursión cultural a Grecia, en concreto a la histórica y paradisíaca isla de Rodas. Para ellos el significado de “excursión cultural” era lo de menos, los subtítulos, sin duda, eran el desenfreno y la poca supervisión. 

— ¡¿Con quién te mandas tantos mensajitos?! — Preguntó Elmer burlón.

— Conseguí el teléfono de Amber. — Respondió Mike con chulería.

— ¡No jodas! ¡¿En serio?! — Reaccionó Elmer sorprendido. — ¡¿El de la monjita!?

— No es tan monjita… — Anotó Mike con pillería.

— ¡Esa tía está cañón!

— ¡¡Shhh!! — Mike, entre risitas, le hizo un gesto a su compañero para que bajara la voz. — ¡Calla, te va a oír!

Ambos miraron de reojo hacia el final de la fila. Una joven, de cabellos rubios y de ojos castaños, conversaba con su compañera también entre cómplices y tímidas risas. Amber, respondió con una introvertida sonrisa a Mike, al ver que la observaba.

— ¡¿Vas a tirártela?! — Preguntó Elmer impaciente.

— ¡Esa pregunta ofende! — Contestó muy seguro de sí mismo, dando a entender que la respuesta era más que evidente.

— ¡Vale, hemos llegado! — Varias voces de vitoreo masculina hicieron que la instructora se tapara los oídos. — ¡Si, si, ya lo sé, el camino ha sido muy largo y sois unos machotes! — Miss Rose alzó las manos para detener a todo el grupo. Se posicionó frente a ellos y comenzó la explicación. — ¡Estas son las reglas, no se puede tocar nada, tirar nada, no se pude fumar, ni beber, ni comer… — Dirigió su mirada fulminante hacia Calvin. — ¡Calvin… guarda esa chocolatina! Estas son ruinas muy importantes, así que, por favor, os pido que os comportéis de manera ordenada y no como animales salidos y hormonados.

La instructora Miss Rose, era profesora en la Universidad de Northern, en Arizona. Su apariencia era desanimada, estaba siempre enfadada o taciturna, tenía cierto aire masculino en su andar y en su forma de hablar, se expresaba con un vocabulario algo vulgar, no le importaba demasiado la opinión de los demás. Las horas lectivas ,se las pasaba la mitad mal-jurando y la otra mitad enseñando con muy poca gracia. Le gustaba mascar chicle, decía que le ayudaba a liberar estrés, cuando mascaba con fuerza, cual trituradora, era evidente que algún alumno le había sacado de sus casillas. Odiaba a los jóvenes, aunque tampoco se llevaba demasiado bien con los adultos, al menos no con sus compañeros de trabajo.

Ella había estudiado historia de la arquitectura, estaba fascinada por las construcciones antiguas, egipcias, romanas y sobretodo griegas. Con los años acabó instruyendo nuevas mentes y con ello, toda su ilusión y fascinación por la historia, se desvaneció. Como ella decía: “— ¡Los jóvenes me absorben toda mi puta energía vital!”— Le echaba la culpa a sus alumnos, pero seguramente fuera porque prefirió un sueldo fijo en una Universidad, que la oportunidad de hacer nuevos descubrimientos arqueológicos, pensar en su pasado y en sus malas decisiones, creaban una frustración continua en ella cada día. En Northern. pocos compañeros de trabajo la soportaban, pero el decano la quería en su plantilla, era la mejor en su campo, lo sabía todo en estos temas, no podía prescindir de alguien como Miss Rose.

— Como podéis ver, detrás de mí hay un túnel muy estrecho y oscuro. ¡Repito, estrecho y oscuro! — Aclaró. — Un dato para las “princesitas”, es un recorrido de entre 5 y 6 minutos, ¡no os vais a morir por atraversarlo! — Dijo sarcástica. — El túnel tiene cierta cantidad de agua, nos cubrirá hasta los tobillos, tendremos que sacarnos las botas y remangarnos las pantorrillas. Sólo podremos ir en fila de a uno, nos agarraremos a la mochila del de delante para no perdernos. Dentro hay varias curvas impredecibles y al estar oscuro, puede ser un poco angosto… ¡Cómo algún “graciosillo” la líe ahí dentro, me lo cargo y lo tiro al río! ¡¿Entendido?!— Sacó su linterna de uno de sus bolsillos laterales del pantalón. — ¡Bien, sacad vuestras linternas del kit de supervivencia y seguidme! — Con un gesto de líder, animó a los alumnos a adentrarse en el túnel. — Aquí comienza el sendero de Los siete manantiales. El túnel fue construido por los italianos en 1931, con la intención de reconducir las aguas de los manantiales al lago. Al otro lado nos espera el guía de esta zona, sed respetuosos con él y escuchad todo lo que os diga. ¡Puede que hoy aprendáis algo…! — Miss Rose iba explicando y sermoneando mientras se adentraba en el túnel seguida por sus alumnos.

— ¿Sigues escribiéndote con él? — Preguntó Sally a Amber con algo de resquemor.

— ¡Si! — dijo ella ruborizada. — ¡Es increíble que se haya fijado en mí! — Estaba emocionada.

— ¡Ya , claro…! — Sally en verdad discrepaba. Echó un vistazo rápido al cuerpo de su amiga Amber y con un poco de envidia y asco, miró hacia otro lado.

Amber era una chica de esas “monas” sin saber que son “monas”. Estaba en su primer año de Universidad, por lo que todavía no había tenido tiempo a aprender los estatus universitarios y sus enredos. Provenía de una zona católica y pacífica, donde lo más escandaloso era el mechón morado que se había puesto la vecina en la peluquería. En apariencia, era más que mona, con su pelo rubio natural, sus ojazos marrones y sus interminables piernas, el pack lo completaba la cantidad exagerada de inocencia que desprendía, era la perfecta diana para jóvenes inmaduros recién desvirgados.

— ¡Venga, deja ya el móvil que somos las últimas! ¡Nos quedaremos atrás Amber! — Sally apuraba a su compañera, no le gustaba la oscuridad de ese sitio, miró hacia atrás temerosa, vigilando su espalda.

Sólo se veía el camino empedrado por el que habían entrado y la escasa luz que entraba hasta ellas. De pronto, una rápida sombra cruzó el túnel, seguido de unas respiraciones siniestras y profundas. Sally se sobresaltó, agarrándose al brazo de Amber, la que seguía enganchada a su tórrida conversación con Mike.

— ¡¿Has oído eso?! – Preguntó ella, sin perder de vista la retaguardia.

— ¡¿El qué?! — Contestó Amber, sin despegar los ojos del teléfono.

Sally seguía sujetándose al brazo de la dulce Amber, la cual se había contagiado con el miedo de su amiga, se quedaron paralizadas, observando en la oscuridad con las linternas de sus teléfonos móviles. Sally se fijó en que sus compañeros habían doblado ya la primera curva y los habían perdido de vista.

— ¡¡Ey, esperad!! — Gritó sin obtener respuesta. — ¡¡No os vayáis!!

— Será mejor que continuemos caminando. — Propuso Amber temerosa. 

Continuaron  despacio, intentando no hacer mucho ruido con los pies sumergidos en el agua.  Sally iba delante de Amber, extendiendo su brazo hacia atrás para que su compañera la siguiese. La respiración siniestra y profunda, volvió a escandalizar a las dos jóvenes, ambas se detuvieron de nuevo.

— ¿¡Y ahora, lo has oído?! — Preguntó Sally buscando una confirmación.

— ¡Si…! — Contestó susurrante con los ojos como platos.

— ¡Mierda tía, no quiero morir en un húmedo y asqueroso túnel!

— Puede que sea el eco Sally, yo no veo a nadie. — Dijo Amber resuelta.

— ¡¿Qué se supone qué vas a ver, si está todo a oscuras?! — Contestó irritada.

— ¡Sally…! — Una voz masculina, perversa y algo seductora susurró entre las paredes de aquel oscuro corredor.

— ¡Ahhh! — Ambas gritaron a la vez y echaron a correr todo lo rápido que el agua les permitía.

— ¡Vamos Amber, no te quedes atrás! — Sally giró la cabeza, sin dejar de correr, para ver a su compañera, pero allí no había nadie, Amber había desaparecido. — ¡¿Amber?! ¡¿Amber dónde estás!? ¡Joder, Amber no pienso ir a buscarte! ¡¿Me oyes?! ¡Voy a salir por patas si no contestas ahora mismo! — Esperaba, inmóvil, una respuesta de su amiga en la oscuridad. De pronto, notó que alguien la sujetaba por los tobillos, estaba atrapada, no conseguía moverse. — ¡Pero que cojo…!

— ¡¡Buh!! — Mike apareció justo delante de ella con la linterna en su cara, a Sally se le paró el corazón del susto.

— ¡Serás imbécil! — Golpeó a Mike en el hombro algo cabreada. Amber estaba con él, los dos reían burlándose de ella. — ¡Estáis locos, casi me cago del susto!

— ¡Eres una miedosa! ¿Creías que era un monstruo? — Dijo Mike bromeando.

— ¡Ja, ja, muy graciosos! Y a ti ya te vale tía. — Le recriminó a Amber. — ¿Cuál de los dos ha tenido la genial idea de agarrarme por los tobillos?

— ¡No te hemos agarrado por los tobillos! ¡¿Qué pasa Sally, te has metido algo para una mayor experiencia cultural?! — Contestó Mike, Amber y él se rieron.

— ¡¿Qué?! ¡No! — Dijo Sally confusa.

— Oye, necesito un favor… ¿Puedes cubrir a Amber de la loca de Rose? — Le rogó Mike.

— ¿Cubrirla?

— Si, nos vamos a “explorar”, ya me entiendes. A mi me cubre Elmer, ¿puedes cubrir tú a Amber? — Preguntó él.

— ¡¿Qué?! ¡No! ¡No voy a meterme en líos porque estéis salidos!

— ¡Venga, porfa Sally! — Le suplico Amber. — No vamos a hacer nada malo. — Amber sujetó a su amiga por el brazo y la alejó unos metros de Mike para hablar en intimidad. — ¡Por favor, me gusta mucho! Además, con el rollo de las cabañas separadas no podremos estar juntos ni un rato. ¡Hazlo por mi! — En voz bajita, Amber rogó a su amiga juntando las manos a modo de rezo. — Te prometo que no va a pasar nada, te deberé un favor.

— ¡Un gran favor! — Señaló Sally apuntándola con el dedo. Miró los ojitos enamorados de su amiga y se ablandó. — ¡Vaaaale… está bien! ¡Pero sólo una hora!

— ¡¡Si!! ¡Gracias, gracias! Te prometo que en una hora estamos de vuelta.

— ¡Venga largaos! — Sally empujó a su amiga con cariño. — ¡Eh, tú…! — Señaló a Mike. — ¡Como te pases de la raya te cortaré esas dos canicas a las que tu llamas huevos! ¿Entendido?

Mike hizo un saludo militar muy firme, posó su brazo por encima del hombro de Amber y ambos se marcharon. Sally miró hacia el suelo, alumbrando el agua con su móvil, ella estaba segura de que algo la había atrapado ahí abajo. Continuó caminando hasta reunirse con el grupo. sin darle más importancia.

Mike y Amber salieron del túnel emocionados, con muchas ganas de desaparecer y estar a solas por fin. Subieron por unas escaleras de piedra que estaban a la derecha de aquel pasaje. 

— ¿A dónde vamos? — Preguntó Amber animada.

— Tú sígueme. — Mike se paró un instante, la miró y la besó despacio. — Créeme, te va a encantar. — Ambos continuaron caminando entre el espeso follaje de los árboles.

La cabeza de Amber daba mil vueltas, ese beso la había dejado alucinada, se sentía como si flotara entre las nubes. Mike, experto y sabio seductor, sabía perfectamente cómo hacer que una inocente y poco experimentada chica, cayera entre sus brazos. Con un poco de atención durante los mensajes, una pizca de pillería, con la broma en el túnel, mínima valentía arriesgándose a que le pillaran sólo por estar con ella, unas cucharadas bien gordas de romanticismo, utilizando ese beso y la forma de sujetarla de la muñeca con tanta dulzura, con todo eso…, estaba completamente seguro de que Amber acabaría ese día haciendo todo lo que él quisiese. 

Tras un rato caminando, Mike apartó algunas ramas y matojos para pasar entre ellos, ¡cómo no…! Ofreció su mano a Amber y la sujetó por la cintura para hacerla pasar al otro lado. Para culminar su cortejo, a Amber se le quedaron los ojos como bandejas, al ver el espectacular oasis al que la había llevado. Un precioso lago de agua verde cristalina, de la más pura agua, que caía en cascada por un acantilado rocoso, rodeado de multitud de ostentosas flores que maquillaban el paisaje con mil colores. 

— ¡Oh dios mío! — Exclamó Amber. — ¡Mike esto es precioso!

— ¿Te gusta?

— ¡¿Que si me gusta?! ¡¡Esto es un paraíso!! — Amber se adelantó para observar de nuevo todo lo que la rodeaba. — ¿Cómo has encontrado este sitio?

— Ayer, Elmer, los chicos y yo, nos escapamos por la noche para investigar por el bosque.

— ¿Investigar? — Preguntó Amber poco convencida.

— Bueno… nos fuimos a beber unas cervezas, la pesada de Rose no permite nada de alcohol durante la excursión, así que nos fuimos a escondidas, buscamos un buen sitio y encontramos esto. — Amber desaprobaba ese tipo de travesuras, Mike se dio cuenta y se acercó a ella despacio, posando sus manos en su cintura. — Quise traerte aquí en cuanto lo vi. — Amber sonrió de nuevo y agachó su mirada con timidez. Mike sujetando su barbilla, continuó con el discurso de cortejo. — Le dije a Elmer que este era el lugar perfecto para traer a mi chica.

— ¡¿Tu chica?! — Se sorprendió ella intentando ocultar su emoción.

— ¿Quieres ser mi chica, Amber? — Mike la besó tranquilo.

— Si… — Contestó ella.

Se besaron apasionadamente durante unos instantes, después, Mike se quitó la camiseta frente a ella.

— ¡Espera Mike! — Amber le puso el freno. — No puedo hacer esto, es demasiado rápido.

— ¿El qué? ¿Darte un baño? — Mike continuó desnudándose hasta quedarse en ropa interior. — ¡Vamos! ¡Seguro que está buenísima! ¿No quieres probarla? 

Amber sonrió, ladeó la cabeza mirando a Mike de arriba abajo, no podía creer que ese era su novio. Atlético, varonil, guapo a rabiar, sin duda Amber estaba ilusionada con todo lo que le estaba pasando. Un sueño para ella.

— ¡Estás loco! — Contestó riendo.

— ¡Venga, te vas a perder lo mejor de esta excursión! — Mike se adelantó y se metió en el agua, se sumergió, buceó unos metros y volvió a la superficie. — ¡Está buenísima!

Ella se decidió al final, no quería que la tachara de aburrida, además, era su chico, no iba a hacerle nada malo, se suponía que él la protegería… Se quitó la ropa con poca gracia y mucha vergüenza, Mike la miraba desde el agua, relamiéndose al ver su cuerpo casi desnudo. Amber metió sus pequeños pies descalzos en el lago templado de aquel edén, avanzó hacia él y se sumergió hasta estar juntos. Se abrazaron mojados, húmedos, excitados, él más que ella. 

— Eres preciosa. — Dijo el encandilador. Ella sólo pudo ruborizarse.

Volvieron a los besos y a las caricias bajo el agua. Amber comenzaba a sentirse algo incómoda, Mike la acariciaba por zonas bastante íntimas.

— ¡Mike, te he dicho que eso no va a pasar! — Le frenó de forma educada.

— Lo sé, sólo estamos divirtiéndonos, no pasa nada. — La besó de nuevo y sin hacer caso a sus peticiones, volvió a sobrepasarse.

— ¡Mike, he dicho que no! — Amber lo apartó cabreada.

— ¡¿En serio?! — Dijo él sorprendido y chulesco. — ¡¿Vas a desaprovechar este momento?! 

— ¡Podemos ir más despacio! — le reclamó ella.

— ¡¿Despacio?! ¿Cómo que despacio? ¡Me has estado calentando todo este tiempo con los putos mensajitos y ahora…! ¿Quieres ir despacio? — Mike estaba algo agresivo.

— ¡Eres un capullo! — Amber se alejó hacia la orilla.

— ¿A dónde vas? — Le gritó Mike.

— ¡Que te den Mike! — Amber salió del agua y cogió su ropa, tapándose rápidamente.

— ¡Vale, venga, vete! ¡Eres una niñata de mierda, ningún tío querrá estar contigo si te portas así! ¡Madura Amber!

Tras esas palabras tan insultantes de su nuevo “ex-chico”, Amber vio la ropa de Mike tirada entre las rocas, decidió vengarse y la cogió para dejar que, aquel baboso imbécil, hiciera el ridículo yendo desnudo por toda la isla.

— ¡¿Qué coño haces Amber?! ¡Deja mi ropa donde estaba! — Mike estaba muy cabreado.

— ¡Así verá todo el mundo lo capullo que eres!

— ¡Vamos nena, era una broma, no me hagas esto! ¡Venga, ven, lo solucionaremos! — Suplicó él.

Amber intentó ignorarle dándole la espalda, mientras se secaba y se vestía, 

Algo se movió bajo los pies flotantes de Mike, él lo sintió, miró hacia el fondo, pero no vio nada, el agua se había vuelto espesa y turbia a su alrededor. Pensó que quizás había sido algún tipo de pez de río. De nuevo, le volvió a rozar… Mike sintió un escalofrío por todo su cuerpo, aunque no tenía porque asustarse, pensó que los peces no eran carnívoros, estaba a salvo… Aunque el siguiente roce, no fue con la misma cortesía, algo pasó junto a él, otra vez, y le cortó en el tobillo. 

— ¡¡Ahhh!! — Mike gritó de dolor mientras intentaba alcanzar su pie bajo el agua, la sangre se expandió por el lago de forma rápida. — ¡Amber algo me ha mordido!

Ella continuó ignorándolo, no se creyó su lamento infantil.

Mike avanzó un poco hacia la orilla para salir  pero, otro latigazo bajo el agua le hizo un corte en una de las piernas, volvió a gritar y se retorció.

— ¡¡¡Ahhh!!! ¡Amber por favor estoy sangrando!

— ¡Pues sal del agua, yo no pienso meterme a por ti! — Amber cogió su teléfono móvil para ver si Sally la había escrito, le importaban muy poco los caprichos de Mike.

Mike, malherido, intentó avanzar de nuevo hacia la orilla pero, no pudo. Sus pies estaban incrustados en el fondo, como si la arena los absorbiera hacia abajo, sentía presión en las piernas, lo intentó con fuerza, no fue capaz.

— ¡¿Pero que coño…?! — Se asustó al ver que sus pies estaban atrapados, estaba herido y confuso. — ¡Amber, ayúdame, no puedo salir!

— ¡Deja de hacer el imbécil, esta vez no voy a picar!

— ¡No es una bro… ! — No pudo terminar la frase cuando algo o alguien tiró de su cuerpo hacia abajo, hundiéndolo por completo de una forma brusca. Mike estaba bajo el lago, las aguas se movían con fuerza debido a su lucha para poder salir a la superficie, pero no conseguía asomar la cabeza para respirar, se estaba quedando sin aire, le dolían las piernas por las heridas y la sangre se entremezclaba con la espuma del agua agitada.

— ¡Vale Mike, deja de hacer el ridículo! ¡Ya está bien! — Amber empezaba a ponerse nerviosa, creía que estaba jugando con ella, aunque dudaba de si era verdad o no.

De pronto, la lucha de Mike por salir, cesó, el lago volvió a su calma total y Mike desapareció por completo.

— ¡¿Mike?! — Amber lo llamó dudosa acercándose a la orilla. — ¡No tiene gracia! — Observó el lago con impaciencia, esperaba nerviosa a que él saliera de una vez por todas y asumiera la broma, pero no salía y el miedo comenzó a retumbar en su conciencia. — ¡¡¡Mike!!! ¡¡¡Mike!!! — Lo llamó una y otra vez sin respuesta, cuando, de repente, él volvió a resurgir a la superficie.

Salió del fondo con ímpetu, seguía luchando por su vida. Amber se quedó petrificada al ver parte del rostro de Mike desgarrado, la piel se le caía a tiras y la sangre brotaba sin cesar. El lado derecho de su cuerpo musculoso estaba despedazado, podían verse parte de sus costillas asomando hacia el exterior. Amber abrió sus ojos de par en par, el terror se apoderó de ella. Veía cómo Mike seguía esforzándose, retorciéndose y gritando de dolor, un dolor inimaginable. Era como si algo lo tuviera sujeto, pero ella no podía ver nada, no había nada en el agua a parte de él. Entonces decidió ayudarle, soltó las ropas y el móvil y se acercó más a la orilla para meterse dentro y socorrerlo.

Algo sucedió, cuando Amber puso sus pies en el agua tintada por la sangre. El ser, la bestia, el animal, que era imperceptible a su vista, cesó… Soltó a su presa por unos instantes. Ella creyó que eso era bueno, que podría salvarlo, pero no era del todo así. Mike, entre dolor, sollozos y llantos, la miró.

— ¡No Amber, no lo hagas! — Alargó su brazo arañado y medio roto, en señal de freno para que no siguiera adelante. — ¡Vete, por favor, no quiero que te haga daño!

— ¡¡Mike tengo que ayudarte!! — Las lágrimas recorrían el rostro de ambos.

— ¡¡No, Amber, no puedes!! — Advirtió casi sin voz.

— ¡Dime qué te está haciendo esto! ¡Mike, no puedo verlo! — dijo asustada. — Creo que se ha ido, entraré a por ti.

— ¡¡No!! ¡No dejaré que te coja! — Los ojos de Mike estaban casi sin vida, pero todavía la miraba con cariño. — ¡Tienes que irte Amber! —Imploró.

—¡Entraré a por ti y los dos saldremos de aquí juntos! —Exclamó Amber con cierto enfado y decisión.

—¡¿No lo ves?! ¡Yo ya estoy muerto Amber! —Dijo Mike con lágrimas en los ojos. —Perdóname… —y sin más, Mike se sumergió en el agua para desaparecer. El ser lo atrapó de nuevo para arrastrarlo hasta el fondo del lago, Mike dejó de sufrir.

—¡¡No!! —Gritó ella.

Amber corrió, corrió todo lo que pudo entre los árboles, sin rumbo, sin un claro destino, estaba perdida, sólo podía oír los gritos de Mike en su cabeza, la visión de su perfecto y joven cuerpo desmembrado en pedazos, las lágrimas que recorrieron su cara antes de morir, los besos dulces y tiernos que le había regalado. Todo aquello inundaba su razón y no conseguía aclararse, estaba desorientada y en shock. Se tapó los oídos con las manos, apretando fuerte, muy fuerte, para sacar todo aquello de su mente. Cayó de rodillas entre la arboleda y allí, con un gritó ensordecedor, se desplomó.

¡Nos vemos en el capítulo dos!

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