CAPITULO DIECISIETE

Y EN… TRES,DOS…


Era una sala solitaria, tenue, con las paredes de un hormigón gris poco cuidado. La mesa en la que Dedé posaba sus manos esposadas, era fría, de acero, las esposas las habían encadenado a una especie de gancho grueso inquebrantable. Estaba sentada en una silla incómoda, con el respaldo demasiado recto. Esperaba sin quitarle ojo a la puerta, atenta por si alguien entraba para aclararle todo aquello. Su actuación desequilibrada en la biblioteca no le daría nada de credibilidad frente a la muerte de Elisa. ¡La muerte de Elisa! Dedé aún no podía creérselo, eso era imposible. Estaba segura de que era un error, quizás otra broma muy pesada o quizás este era otro sueño al que enfrentarse, pero era tan atrayente que no lograba salir.

Llevaba ahí metida, horas, sin comprender nada, aislada de todo el mundo, siendo vigilada a través de un espejo enorme que había en la pared. Dedé levantó la cabeza y miró hacía el reflejo. Lo había observado unas mil veces durante el tiempo que llevaba allí atrapada. Estaba cansada, muy cansada, apenas le quedaban fuerzas para apoyar su espalda contra esa incómoda silla.

—¡Sé que me estáis viendo! —Protestó mirando hacia el espejo. —¡Yo no he hecho nada malo! —Decía con voz afónica. Su falta de aliento demostraba lo mucho que se había resistido a ser encarcelada.

Tras el espejo, George y su compañero la observaban atentos. El teniente de la comisaría entró en aquella sala de vigilancia.

—Teniente. —Saludaron ambos con respeto.

—¿Ya ha sido interrogada?

—No señor, esperábamos sus órdenes. —Contestó el compañero de George.

—Bien. —El teniente miró a Dedé. —Está cansada, si la apretamos un poco hablará.

—Teniente, con todos mis respetos, creo que nos estamos equivocando de sospechosa. —Dijo George adelantándose con mirada suplicante.

—Agente Sanna, ya hemos hablado de esto. Tenemos muchas pruebas contra ella, además de testigos que afirman haberla visto llegar a la hora en la que la víctima fue asesinada. La describen como una persona inestable y cito: “Danielle recorrió todo el campus hasta el dormitorio como una zombie, con la cara desencajada y llena de moratones”. —Dijo leyendo un informe. —Tenemos sus huellas por toda la habitación.

—¡Pero es que ella vive ahí! Es normal que la habitación tenga sus huellas. —Contestó George en un intento desesperado por defender a Dedé.

—¡Tenemos a una chica brutalmente asesinada y a otra desaparecida! Ambas tuvieron relación con la sujeto en las últimas horas y testigos que afirman que la desaparecida fue vista por última vez con la sospechosa. ¿De verdad cree que no es la asesina? Si tiene a la otra joven retenida en algún lugar, debemos averiguarlo. ¡Agente, si permite que su relación con el sujeto influya en el caso, no tendré más remedio que apartarlo! —Le regañó el teniente.

—Sigo pensando que no es ella. ¡No entraré ahí para ajusticiar a una persona que probablemente sea inocente! —Dijo tajante. —Déjeme al menos hablar con ella, ella me conoce, a mi no me mentirá.

El teniente respiró hondo, pensándose la propuesta de George.

—Está bien, podrá interrogarla. —George asintió con la cabeza a modo de agradecimiento. —Están cotejando las huellas del arma, si sale su nombre, no tendrá defensa posible. —El teniente estaba seguro de haber encontrado a la asesina. —Lo siento agente Sanna.

—No lo sienta todavía. —Dijo George abriendo la puerta para salir.

Entró en la sala de interrogación en la que estaba esposada Dedé. La vio muy decaída, con la cabeza entre los brazos, estaba realmente agotada. Dedé levantó la vista rápido al oír cerrarse la puerta.

—¡Oh, George, menos mal! —Exclamó con los ojos vidriosos y se revolvió en la silla con algo de esperanza. —Tienes que sacarme de aquí, todo esto es un error.

George se sentó, con solemnidad, en la silla frente a ella. Llevaba una carpeta en la mano, que dejó sobre la mesa. La miró con detenimiento y suspiró. No iba a ser tan fácil como él creía. Dedé vio en su mirada preocupación, lo que le dio a entender que estaba hasta el cuello, que la situación era grave.

—¡¿Qué ocurre?! —Preguntó ella.

—Tengo que interrogarte… —Hizo una pausa para ver la reacción de Dedé. Ella abrió sus ojos azules con incomprensión. —Puedes llamar a un abogado antes si quieres, estás en tu derecho, pero espero que no lo hagas, eso te hará parecer más culpable y bueno… no es que las pruebas estén a tu favor. Sabes que yo te aprecio, no estoy aquí para juzgarte, prometo escuchar toda tu versión y verlo desde un punto de vista neutral, sin hacer caso a las pruebas que encuentren. —Dijo él tranquilo y paciente.

Dedé se derrumbó, se vino abajo con tan solo escuchar la palabra culpable; y más derrumbada después de escuchar “yo te aprecio”, en aquellos momentos para ella era muy importante esa frase, no se había dado cuenta de cuánto la necesitaba hasta que George la pronunció. Ambos se miraron, ella llorosa y él compasivo.

—¿Qué quieres hacer? ¿Quieres llamar a un abogado? ¿A tu familia? —Le preguntó.

—¡No, a mi familia no! —Se sobresaltó.

—Bien. ¿Y un abogado?

—Confío en tí. —Dijo ella con seguridad y lágrimas mojando sus mejillas. George asintió.

—Entonces empezamos. —Posó la palma de su mano totalmente abierta sobre la carpeta de la mesa. —Esto va a ser duro, va a dolerte, pero tendrás que ser fuerte y contestar a todo lo que yo te pregunte.

—¡Estoy lista! —Dedé solo quería salir de allí lo antes posible y demostrar su inocencia.

—Vale. —George carraspeó y continuó. —¿Tu nombre completo es Danielle Dumont Zabat?

—Sí. —A Dedé le temblaban las manos. George se dio cuenta y le dolía verla así, pero tenía que seguir.

—¿Eres de Nantes, Francia?

—Sí.

—¿Estudias en la universidad de Jacksonville?

—Sí. —Dedé apretó el entrecejo, no entendía esas preguntas, él ya lo sabía.

—¿Cómo llegaste a Florida?

—Llegué hace tres años, por medio de una beca, para estudiar bellas artes y artes gráficas. —George asintió con la cabeza.

—Bien, vamos al día de ayer. ¿Dónde estuviste?

—Ayer me desperté en el calabozo, ¿no lo recuerdas? —Dijo algo molesta.

—Danielle, responde a la pregunta. —Dijo serio. Dedé resopló.

—Me desperté en la cárcel, me encerraron por una “gamberrada”. Tú te ofreciste a llevarme en coche y me dejaste a medio camino de la universidad. —Respondió dolida. —Caminé durante un rato, descalza, con dolores por todo el cuerpo por la brutal paliza que me dieron mis amables compañeras de celda, paliza que ningún policía de la comisaría evitó. —Continuaba resentida. —Llegué hasta mi habitación del campus y me acosté en mi cama.

—¿Y tu compañera, Elisa?

—No lo sé. Ella no estaba allí cuando yo llegué.

—¿Estás segura de eso? —Insistió él.

—Sí, muy segura. —Contestó abriendo sus ojos de par en par.

—Algunos estudiantes afirman haber visto a Elisa entrar en su habitación, poco antes de que tú llegaras. Afirman que ella se retiró a su cuarto porque dijo textualmente: “Mañana tengo un examen, estudiaré toda el día hasta la noche”.

—¡Pues allí no había nadie, te lo aseguro! —Dedé se estaba enfadando, su contestación hizo que George pensara en que había otra intención en su respuesta.

—¿Os llevabais bien? — Preguntó curioso. Dedé se encogió de hombros. —Tienes que contestar Danielle.

—Últimamente no.

—Explícate.

—Llegué a mi habitación con la intención de decirle lo mala amiga que había sido, no te voy a engañar, estaba muy cabreada. Había pasado la noche en la cárcel por su culpa y de regalo… —Señaló sus moratones de la cara.

—¿Qué quieres decir con que había sido su culpa?

—El día anterior me llamó, a eso de las siete de la tarde, pidiendo ayuda. Estaba fuera de sí, asustada, decía que alguien la estaba persiguiendo en el bosque de River Road.

—¿Qué hacía ella allí?

—Le gusta pasear hasta el River House, es un pub de comida para llevar, está a pocos metros del bosque.

—¿Y qué hiciste? —Preguntó intrigado.

—Pues fui.

—¿No llamaste a la policía?

—¡No! ¿Para qué? Pensé que sería algún imbécil del campus queriendo asustarla.

—Pero después, sí llamaste.

—Sí, después sí. No la encontraba, estaba todo a oscuras y ella no contestaba al teléfono. Me asusté.

—¿Qué pasó entonces?

—Mientras esperaba a la policía, la volví a llamar y me contestó. Me dijo unas cosas muy raras. Me dijo que lo sentía y que todo era culpa suya.

—Entonces, te habían gastado una broma y te enfadaste.

—¡No, no fue así! —A Dedé no le gustó el tono de George. —Después… —Iba a contarle lo que había visto, el extraño ser con la apariencia de Mike que se había acercado hasta ella, pero se detuvo.

—¿Después qué, Danielle? —Ella no contestó. —Si te pasó algo en aquel bosque, tienes que contármelo. —Insistía.

—Nada, no pasó nada… Después llegó la policía y me encerraron. Eso fue todo. —Su mirada no podía ocultar que había algo más.

—¿Qué me estás ocultando. Danielle? Sé que hay algo que no me cuentas.

—No me creerías. —Dijo ella agachando la cabeza.

—¡Inténtalo! —La animó. Dedé miró hacia el suelo, esquivando su insistencia. —Está bien. —Se resignó. —Cuando fuiste a tu habitación, dices que Elisa no estaba allí, pero eso no es posible, varias personas la vieron entrar. ¿Cómo explicas eso?

—¡Y yo qué sé! —Se sobresaltó. —Iría a buscar algo de comer o saldría para hacer algo, ¡yo no soy su gps!

—¡Tienes que decirme algo que me ayude a sacarte de aquí! Danielle, yo creo que eres inocente, de verdad, pero me temo que hay mucha gente señalándote.

Dedé se acercó lo más que pudo a George, abriendo sus ojos de un forma casi diabólica y alocada, le miró fijamente.

—Todo esto no tiene importancia, George. —Dijo en voz baja. —Dentro de nada me despertaré y esto habrá sido un maldito y estúpido sueño de nuevo. —George no daba crédito a las palabras que salían por la boca de su querida Danielle. —Tú no lo entiendes porque tú eres parte del sueño, para ti esto es real, pero en cualquier momento me despertaré y seguiré con mi vida.

—No, Danielle, esto no es ningún sueño, esto es la vida real. Estás aquí, conmigo.

—¡No, hazme caso, Elisa no está muerta y yo no estoy aquí contigo! —Continuaba mirándolo de una manera perturbadora que inquietaba a George. Entre lo que había visto en el coche, cuando la llevó de camino a la universidad y sus incoherentes palabras, George no podía negar lo evidente. —Hazme caso, seguramente Elisa esté con algún “guaperas” en su dormitorio, haciendo lo que yo hace días no pruebo. ¡Que por cierto! Te llamaré en cuanto salga de esta maldita pesadilla. —Dedé le guiñó el ojo con picardía.

En otras circunstancias, a George le hubiera encantado esa sexual atención por parte de ella, pero en ese momento le enfadaba verla en ese estado, se sentía impotente porque, de verdad, quería salvarla de una vida de cárcel, pero con ese comportamiento y esa inestabilidad mental, no iba a ser posible. Con un arrebato de ira, él abrió la carpeta que custodiaba, tan bien, bajo la palma de su mano. La abrió con ímpetu.

—¡A ti te parece esto un sueño! —Las fotos del cuerpo muerto de Elisa se esparramaron por toda la mesa. Dedé las vio y el terror se apoderó de su rostro. George cogió una y se la colocó frente a su cara. Dedé se echó hacia atrás. —¡¿Esto te parece divertido?! ¡Mírala, es tu amiga! —Sacudía la foto hacia ella. —¡Abierta en canal con los órganos extirpados! —Gritaba. Puso la foto en la mesa y, con nerviosismo, empezó a colocar las otras. —¡Todos sus órganos colocados, minuciosamente, encima de su cama, todos por orden! —Dedé no podía creerse lo que estaba viendo, aquello era una brutalidad, una terrorífica imagen que jamás podría borrar de su mente.—¡¡Dime ahora que Elisa está viva, dime!! —Gritó George.

Dedé se echó las manos a la cabeza, le temblaba todo el cuerpo y las lágrimas se convirtieron en mar. Intentaba no mirar aquellas imágenes, pero su mano, casi sin quererlo, tocó una de ellas, una en la que se veía la cara de Elisa sin vida, su cuerpo perfectamente colocado, boca arriba en el suelo, con aquel cabello tan impoluto y su piel, que antes era tostada, había perdido su color. La sangre tintaba de rojo toda la habitación, se esparcía por la alfombra, por el viejo parqué, por las salpicadas cortinas. No lo pudo evitar y el estómago se le revolvió, echando la poca comida que tenía en su estómago al suelo.

George al verla en ese estado, se detuvo y se compadeció de nuevo de ella.

—Pediré que vengan a limpiarte. —Se levantó de la silla, después de recoger todas fotos de la mesa y volverlas a guardar en la carpeta. —Seguiremos más tarde. —Dijo desde la puerta. Dedé no pudo levantar la cabeza. Se quedó mirando los restos del suelo vomitado, con vergüenza.

George salió de la sala de interrogatorios con sus esperanzas destruidas, el teniente lo esperaba en el pasillo, con semblante serio, como pidiendo noticias.

—Teniente… —Saludó con respeto y sin ganas.

—Agente, cuénteme.

—¿Ha visto el interrogatorio? —Preguntó. El teniente cerró los ojos y afirmó con la cabeza. —Pues entonces ya lo sabe. Seguiré más tarde, tenemos que encontrar a Marion Green. —George, estaba destrozado, después de la sesión con Dedé no podía hacer otra cosa que darle la razón a su superior; y con enfado se dirigió a su mesa de trabajo.

—¡El alegar locura transitoria no la eximirá de sus actos! —Le gritó el teniente, mientras él se iba dándole la espalda. —¡Tendrá que pagar por lo que ha hecho!

Dedé, de nuevo sola en la sala de interrogatorios, miró hipnotizada aquella mesa, en la que antes habían estado desfilando las imágenes con el cuerpo de su amiga mutilado. Se quedó paralizada. No dejaba de darle vueltas a que aquello no era real, a que aquello no había pasado de verdad, en su mente se convencía una y otra vez. De pronto sintió un cosquilleo en la nuca y alguien le habló.

—¡Hola Danielle! —Susurró una voz masculina.

Dedé alzó la vista y allí estaba, frente a ella, no podía creérselo… ¡Era él! ¡Era el ser del bosque otra vez!

—¡Volvemos a vernos! —Dijo mientras soltaba una media sonrisa satisfactoria.

—¡Tú, eres tú! —A Dedé no le hizo gracia verlo de nuevo. —¡Tú has tramado todo esto! ¡Todo es culpa tuya!

—¿A qué te refieres? —Preguntó él haciéndose el interesante.

Dedé lo miraba con rabia, quería romper esas esposas, trepar por encima de la mesa y pisotear su cara, hasta hacerlo desaparecer.

—¡Sabes muy bien a qué me refiero! ¿Qué le has hecho a Elisa? ¡Tú la has matado! —A Dedé se le iban a salir las venas del cuello.

—Ah, eso… Sí, fui yo. —Contestó con sosiego. —Pero no he venido para hablar de ella.

—¡Ella era mi amiga, maldito monstruo psicópata! ¿Cómo has podido hacerle eso?

—Tengo que reconocer que Elisa fue muy útil y una parte clave en mi misión, pero ya no me servía, dejó de creer y se descarrió. Me vi envuelto en una encrucijada, ella fue la solución más rápida. —Él se explicaba mientras Dedé no entendía ni una sola palabra de lo que decía.

—¡¿Pero que cojones me estás contando, puto loco?!

—Elisa fue una herramienta para llegar a tí, al igual que lo fue Mike y Roxanne, incluso tu querido “lelo”.

—¿Qué quieres decir?

—¿De verdad creíste que la muerte de Mike fue pura casualidad? —El ser desapareció y volvió a aparecer con sus labios pegados al oído de Dedé. —Murió por tu culpa.

—¡Eso no es cierto! —Dedé se giró con brusquedad sin percatarse de que lo tendría justo delante de su cara.

Ahí fue cuando sus ojos se cruzaron con los de él. Realmente, no era Mike… Aquellos ojos… aquellos ojos no eran de este mundo. Eran morados, muy morados, como dos luceros de amatistas. Sus pupilas negras como la noche, apenas tenían brillo, transmitían una sensación extraña, de ultratumba, sombrías. El ser no se apartó de ella hasta que Dedé retiró la mirada. Con un solo movimiento y ya la tenía dominada. Él fue hacia el espejo y lo acarició con un cariño espeluznante.

—El otro día no pude presentarme, es normal que estés confusa, pero tranquila, todo te será revelado a su debido tiempo. —Caminaba tan elegante que casi flotaba. —¡Mi nombre es Apolo! —Se inclinó haciendo una solemne reverencia. —Hijo de Zeus y Leto, aunque eso sea irrelevante… —Hizo una mueca de desprecio hacia los nombres de sus padres. —Soy conocido como el Dios Oracular o Dios de Delfos, pero tú puedes llamarme Dios a secas.

—¡Me la suda quién creas que seas! ¡Eres un puto psicópata y acabaré contigo por lo que le hiciste a Elisa! —Dedé no atendía a razones, solo quería liberarse de esa mesa y saltar encima de él.

—Elisa… Elisa… Elisa… —Él seguía caminando tranquilo mientras pensaba en Elisa. —Tú todavía no lo comprendes, pero algún día te darás cuenta de que murió por una causa.

—¿Y tenías que sacar sus órganos y destriparla de esa manera? —Preguntó encolerizada.

—¡Oh, sí! Eso fue lo más importante del ritual… Tengo que alimentar a mis pequeñas. —Dedé lo miró sin comprender. —¡Cómo te he dicho, es difícil de entender! Sobre todo tú que tienes la mente hecha un colador. ¡Que si es un sueño, que si ahora no lo es…! ¡¡Madre mía, estás fatal chica!!

—¡¡Estás loco!! ¡¡Vete de aquí!! —Gritó ella.

—No te esfuerces, querida. —Se acercó a ella y le acarició el pelo. —No puedes hacer nada contra mí. Soy imparable y tú me perteneces. —Se dirigió a la silla y se sentó con los mismos modales de un rey. —Te voy a decir lo que va a pasar ahora.

Dedé, enfurecida, negaba con la cabeza.

—Ahora te culparán de asesinato y desaparición.

—¡¿Desaparición?! —Dijo sorprendida.

—¡Shhh…! —Hizo un gesto de silencio con su dedo. —Como iba diciendo, te culparán de todo eso y además verán que te falta un tornillo. —Siguió gesticulando haciendo círculos con el dedo en su sien. —Te encerrarán en un hospital psiquiátrico y entonces ahí serás toda mía. ¿Sabes porqué? Porque allí nadie escuchará tus gritos, ni tus locuras, ni que hablas con un muerto. —Se rio. —Al final acabarás por rendirte y sucumbirás a mi poder.

—Digamos que te sigo el juego y te creo, ¿Qué demonios quieres de mí?

—Eso es “Top Secret” querida, lo sabrás cuando estés preparada.

—Yo nunca seré nada tuyo, ¿me oyes? —Protestó y con un intento de hacerle algún tipo de daño, le escupió. —¡Me das asco!

—¿No me crees? Mira te lo demostraré. —Él alargó su brazo izquierdo y señalando la puerta, dijo. —Dentro de treinta y cinco segundos entrará tu querido George por la puerta, con un sándwich y un café calentito. —Encogió sus hombros y se frotó los brazos como cuando uno tiene frío y se rió.

—Estás mal de la cabeza. —Dedé no creía nada de lo que decía aquel enfermo mental.

—Treinta segundos… Te dirá que siente haberte presionado, que si podéis empezar de cero y bla, bla, bla… Veintitrés segundos… —Él seguía hablando y continuaba con la cuenta atrás. —¡Me encanta ese tal George! Deberías salir con él el tiempo que te queda en la Tierra de los humanos, al menos te llevarías un buen recuerdo. Catorce segundos…

Dedé lo miraba y miraba la puerta, estaba segura de que aquel ser mentía, pero ¿Y si no? Tenía miedo de que George entrara y viera a Mike y éste le hiciera lo mismo que a Elisa. No podía permitir que George se pusiera en peligro.

—¡¡Ni se te ocurra mirarlo si quiera, asesino!! —Exclamó ella.

—¡Uy, ya veo que hay sentimientos! Tranquila, si no se interpone en mi camino, no le haré nada. Seis, cinco… —Dedé se colocaba en su asiento, estaba nerviosa, no dejaba de mirar a ambos lados, a la puerta y a su nuevo psicópata personal. —Y en… tres, dos… —Él hizo un chasqueo con los dedos y la puerta se abrió.


¿QUERÉIS SABER MÁS SOBRE LAS AVENTURAS DE DEDÉ?

¡NO OS PERDÁIS EL CAPÍTULO 18 EL PRÓXIMO VIERNES!


RODAS

LA ISLA DE RODAS (Ρóδος)

Es la isla más grande del archipiélago griego del mar Egeo. Famosa por sus playas, su historia antigua y sus ruinas. Una cordillera montañosa la atraviesa de norte a sur, dónde el pico más alto se llama Ataviros (1215 msnm). Se le otorgaron innumerables nombres que fueron cambiando a lo largo de los años:

Ofiusa (Οφιουσσα): Por la abundancia de serpientes que al parecer tenía la isla.

Olesa (Ολóεσσα): Que significa perniciosa o mortal, quizá por el mismo motivo de las serpientes.

Asteria (Αστερíα): Porque brillaba como un astro por su belleza y por el predominio del tiempo soleado la mayor parte del año.

Trinacria (Τρινακρíα): Porque posee tres promontorios como Sicilia.

Atabiria (Αταβυρíα): En referencia a su más alta montaña (el monte Atabiris o Atabirion, actualmente Attaviros, 1.215 metros), o al nombre de su más antiguo y legendario rey.

Macaria (Μακαρíα): Porque según la tradición es una isla afortunada como Chipre y Lesbos

Wikipedia

LEYENDAS

Ponto fue engendrado por Gea (Creadora de la Tierra) y Urano (hermano de Ponto), aunque hay quien dice que Gea lo engendró sola. Los hijos de Ponto fueron los nueve Telquines; y los primeros en poblar esta isla. Tenían cabeza de perro y aletas de pez, asemejándose a una foca. Fueron expulsados por Zeus, que les envió un diluvio por hacer conjuros prohibidos con el agua de Estigia (río límite que separa la tierra del mundo de los muertos). Criaron y educaron a Poseidón, también lo armaron con un tridente y una hoz. Después la isla fue ocupada por Helios, Titán del sol, que contrajo nupcias con Rodo o Rhoda (ninfa marina, hija de Poseidón) la cual le dio posteriormente el nombre a la isla. Con ellos convivían también los Gigantes, pero en otra zona de la isla. Los Gigantes deseaban la dominación del cosmos y la destrucción de los Titanes.

Otra leyenda, es que Zeus regaló la isla a Helios y Rhoda como ofrenda de boda. Desde entonces se consideraba a los habitantes de la isla como los hijos del sol. De ahí la gigantesca estatua llamada El coloso de Rodas, construida por los habitantes en honor a su dios Helios.

El coloso

Restos del Coloso

Antigua representación


Rodas es considerada Patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Es la ciudad mejor fortificada y conservada de Europa, con torres y bastiones y una muralla de 4 km de longitud, con calles totalmente peatonales.

¿Qué visitar en Rodas?

El museo arqueológico de Rodas contiene objetos del medievo, encontrados en las islas que forman el Dodecaneso. La calle de los Caballeros donde encontrarás diferentes posadas procedentes de diferentes países, la posada de la lengua de Inglaterra, la de Francia… El museo de arte bizantino con su arquitectura característica de esa época, muy bien conservado. La Torre del Reloj Roloi, un mirador donde podrás apreciar la ciudad desde arriba. Las iglesias de Agia Triada y Agia Aikaterini. El Palacio del Gran Maestre de los Caballeros de Rodas, castillo que conserva todavía los suelos de mosaico y los aposentos del Gran Maestre. Fue edificado por los caballeros, dentro guardan un museo con toda la historia de Rodas. Por desgracia varios enseres se destruyeron tras una explosión accidental por culpa de ciertas municiones en 1856. Lindos, un pueblo alejado de las murallas, a una hora del centro, un lugar lleno de historia arqueológica y preciosas vistas compuestas por las maravillosas casas blancas, en la ladera de su colina, desde su cima podrás apreciar las vistas del pueblo y el mar. Un pueblo con encanto, lleno de vida juvenil, tiendas de souvenirs y baja contaminación ambiental, puesto que no se permite circular con el coche. La montaña de Lindo está formada esencialmente de roca de unos 116 msnm, rodeada de murallas construidas por los caballeros en la Edad Media. Entre los restos se encuentran un antiguo teatro y rastros del Templo de Atenea. El Valle de las Mariposas, está al norte de la isla y en él se convergen cientos de mariposas que cubren los follajes de los árboles durante los meses de junio, julio, agosto y septiembre. Tiempo de apareamiento para estos animales voladores tan preciosos. ¡Una experiencia única que merece la pena ver! En el mismo valle encontrarás un Museo de Historia Natural. Para poder visitar este increíble Valle de las Mariposas, es obligatorio hablar en voz muy bajita, no hacer ruidos excesivos y caminar por los senderos marcados o coger el Tren de las Mariposas hasta llegar al acrópolis. Los Manantiales de Kallithea están a 8 km del centro de Rodas, está junto a la playa de Kallithea y se dice que tiene un poder curativo especial. Fue construido en 1927 con preciosas composiciones y grandes espacios, con hermosos mosaicos en piedra. Sus terrazas dan hacia la bahía desde donde puedes apreciar las mejores playas de la isla. En la antigüedad, muchos viajaban hasta estos manantiales con la esperanza de curar sus heridas y sanar sus enfermedades. Otra de las cosas más importantes de Rodas es el recorrido de Los siete Manantiales.

Los 7 Manantiales

El mejor lugar para desconectar, relajarte o incluso inspirarte. Los siete manantiales se encuentran ubicados a 4 km de Kolymbia, provienen de la montaña y juntos se unifican en un gran río. Para llegar a ellos existe una ruta a pie señalizada. Es una de las zonas más visitadas, por su relajación y su belleza paisajista. Te envuelven sus colores y sus sonidos de la fauna. Un lugar totalmente paradisíaco. Los siete Manantiales son conocidos como Epta Piges, nombre proveniente del griego.

Su parte más conocida y más frecuentada es un túnel subterráneo y estrecho, con capacidad para solo una persona. Sin luz y con varias curvas en su interior, mide unos 180 metros y el río te cubrirá hasta los tobillos, dependiendo de su caudal. Tras cruzarlo, llegarás a un pequeño y precioso lago. No es apto para esas personas que no soportan la oscuridad o el estar encerrado, si es tu caso, podrás llegar igualmente al lago subiendo unas escaleras por encima del túnel y atravesando el bosque siguiendo un sendero.

Podría enumerar infinitos sitios de la Isla de Rodas, tiene duende, tiene magia y mucha historia, real y mitológica. Un lugar perfecto para tus vacaciones. Contiene una gran cantidad de Playas, restos arqueológicos y castillos construidos por los caballeros en la Edad Media.

AQUÍ OS DEJO VARIAS IMÁGENES DE LA ISLA Y SUS RINCONES

CAPITULO UNO

¡NO TIENE GRACIA!


—¡Vamos chicos, no os quedéis atrás! — Animaba la instructora. — Queda mucho por ver y sólo tenemos dos horas… — Se apartó hacia el borde del camino, contando mentalmente la fila de alumnos universitarios, asegurándose de que no le faltaba nadie. — ¡James apaga ese cigarrillo! ¡Por dios Calvin, deja ya de comer, te va a dar un infarto!

—- Disculpe Miss Rose, pero discrepo… El intelecto del metabolismo humano es muy dispar entre diferentes sujetos. El desarrollo de mi ingestión y absorción de nutrientes es verdaderamente heteróclita. ¡No lo digo yo! En 1935, fue descubierto por Hans Adolf Krebs que los alimentos previamente ingeridos… — Calvin se expresaba petulante, demostrando la mayor y única de sus cualidades, el no tener vida social y haberle dedicado todo su tiempo libre a absorber libros.

La instructora Miss Rose, entornaba los ojos al mismo tiempo que soltaba un pesado resoplido.

— ¡Vale, vale, nadie quiere oír ahora tus estupendos conocimientos, Calvin! — Apoyó con desgana y levemente su mano en el hombro de Calvin, indicándole que continuara el camino. — ¡Malditos adolescentes sabelotodo! — Dijo ella para sí misma exasperada.

Los estudiantes caminaban en fila y por parejas sobre un sendero rocoso, entre la espesura de árboles comunes y pinares. La falta de disciplina y el bullicio adolescente, hacían que Miss Rose se estresara aún más. No era para menos, los exámenes finales habían terminado, el verano estaba a la vuelta de la esquina y habían conseguido engañar a dos profesores para una excursión cultural a Grecia, en concreto a la histórica y paradisíaca isla de Rodas. Para ellos el significado de “excursión cultural” era lo de menos, los subtítulos, sin duda, eran el desenfreno y la poca supervisión. 

— ¡¿Con quién te mandas tantos mensajitos?! — Preguntó Elmer burlón.

— Conseguí el teléfono de Amber. — Respondió Mike con chulería.

— ¡No jodas! ¡¿En serio?! — Reaccionó Elmer sorprendido. — ¡¿El de la monjita!?

— No es tan monjita… — Anotó Mike con pillería.

— ¡Esa tía está cañón!

— ¡¡Shhh!! — Mike, entre risitas, le hizo un gesto a su compañero para que bajara la voz. — ¡Calla, te va a oír!

Ambos miraron de reojo hacia el final de la fila. Una joven, de cabellos rubios y de ojos castaños, conversaba con su compañera también entre cómplices y tímidas risas. Amber, respondió con una introvertida sonrisa a Mike, al ver que la observaba.

— ¡¿Vas a tirártela?! — Preguntó Elmer impaciente.

— ¡Esa pregunta ofende! — Contestó muy seguro de sí mismo, dando a entender que la respuesta era más que evidente.

— ¡Vale, hemos llegado! — Varias voces de vitoreo masculina hicieron que la instructora se tapara los oídos. — ¡Si, si, ya lo sé, el camino ha sido muy largo y sois unos machotes! — Miss Rose alzó las manos para detener a todo el grupo. Se posicionó frente a ellos y comenzó la explicación. — ¡Estas son las reglas, no se puede tocar nada, tirar nada, no se pude fumar, ni beber, ni comer… — Dirigió su mirada fulminante hacia Calvin. — ¡Calvin… guarda esa chocolatina! Estas son ruinas muy importantes, así que, por favor, os pido que os comportéis de manera ordenada y no como animales salidos y hormonados.

La instructora Miss Rose, era profesora en la Universidad de Northern, en Arizona. Su apariencia era desanimada, estaba siempre enfadada o taciturna, tenía cierto aire masculino en su andar y en su forma de hablar, se expresaba con un vocabulario algo vulgar, no le importaba demasiado la opinión de los demás. Las horas lectivas ,se las pasaba la mitad mal-jurando y la otra mitad enseñando con muy poca gracia. Le gustaba mascar chicle, decía que le ayudaba a liberar estrés, cuando mascaba con fuerza, cual trituradora, era evidente que algún alumno le había sacado de sus casillas. Odiaba a los jóvenes, aunque tampoco se llevaba demasiado bien con los adultos, al menos no con sus compañeros de trabajo.

Ella había estudiado historia de la arquitectura, estaba fascinada por las construcciones antiguas, egipcias, romanas y sobretodo griegas. Con los años acabó instruyendo nuevas mentes y con ello, toda su ilusión y fascinación por la historia, se desvaneció. Como ella decía: “— ¡Los jóvenes me absorben toda mi puta energía vital!”— Le echaba la culpa a sus alumnos, pero seguramente fuera porque prefirió un sueldo fijo en una Universidad, que la oportunidad de hacer nuevos descubrimientos arqueológicos, pensar en su pasado y en sus malas decisiones, creaban una frustración continua en ella cada día. En Northern. pocos compañeros de trabajo la soportaban, pero el decano la quería en su plantilla, era la mejor en su campo, lo sabía todo en estos temas, no podía prescindir de alguien como Miss Rose.

— Como podéis ver, detrás de mí hay un túnel muy estrecho y oscuro. ¡Repito, estrecho y oscuro! — Aclaró. — Un dato para las “princesitas”, es un recorrido de entre 5 y 6 minutos, ¡no os vais a morir por atraversarlo! — Dijo sarcástica. — El túnel tiene cierta cantidad de agua, nos cubrirá hasta los tobillos, tendremos que sacarnos las botas y remangarnos las pantorrillas. Sólo podremos ir en fila de a uno, nos agarraremos a la mochila del de delante para no perdernos. Dentro hay varias curvas impredecibles y al estar oscuro, puede ser un poco angosto… ¡Cómo algún “graciosillo” la líe ahí dentro, me lo cargo y lo tiro al río! ¡¿Entendido?!— Sacó su linterna de uno de sus bolsillos laterales del pantalón. — ¡Bien, sacad vuestras linternas del kit de supervivencia y seguidme! — Con un gesto de líder, animó a los alumnos a adentrarse en el túnel. — Aquí comienza el sendero de Los siete manantiales. El túnel fue construido por los italianos en 1931, con la intención de reconducir las aguas de los manantiales al lago. Al otro lado nos espera el guía de esta zona, sed respetuosos con él y escuchad todo lo que os diga. ¡Puede que hoy aprendáis algo…! — Miss Rose iba explicando y sermoneando mientras se adentraba en el túnel seguida por sus alumnos.

— ¿Sigues escribiéndote con él? — Preguntó Sally a Amber con algo de resquemor.

— ¡Si! — dijo ella ruborizada. — ¡Es increíble que se haya fijado en mí! — Estaba emocionada.

— ¡Ya , claro…! — Sally en verdad discrepaba. Echó un vistazo rápido al cuerpo de su amiga Amber y con un poco de envidia y asco, miró hacia otro lado.

Amber era una chica de esas “monas” sin saber que son “monas”. Estaba en su primer año de Universidad, por lo que todavía no había tenido tiempo a aprender los estatus universitarios y sus enredos. Provenía de una zona católica y pacífica, donde lo más escandaloso era el mechón morado que se había puesto la vecina en la peluquería. En apariencia, era más que mona, con su pelo rubio natural, sus ojazos marrones y sus interminables piernas, el pack lo completaba la cantidad exagerada de inocencia que desprendía, era la perfecta diana para jóvenes inmaduros recién desvirgados.

— ¡Venga, deja ya el móvil que somos las últimas! ¡Nos quedaremos atrás Amber! — Sally apuraba a su compañera, no le gustaba la oscuridad de ese sitio, miró hacia atrás temerosa, vigilando su espalda.

Sólo se veía el camino empedrado por el que habían entrado y la escasa luz que entraba hasta ellas. De pronto, una rápida sombra cruzó el túnel, seguido de unas respiraciones siniestras y profundas. Sally se sobresaltó, agarrándose al brazo de Amber, la que seguía enganchada a su tórrida conversación con Mike.

— ¡¿Has oído eso?! – Preguntó ella, sin perder de vista la retaguardia.

— ¡¿El qué?! — Contestó Amber, sin despegar los ojos del teléfono.

Sally seguía sujetándose al brazo de la dulce Amber, la cual se había contagiado con el miedo de su amiga, se quedaron paralizadas, observando en la oscuridad con las linternas de sus teléfonos móviles. Sally se fijó en que sus compañeros habían doblado ya la primera curva y los habían perdido de vista.

— ¡¡Ey, esperad!! — Gritó sin obtener respuesta. — ¡¡No os vayáis!!

— Será mejor que continuemos caminando. — Propuso Amber temerosa. 

Continuaron  despacio, intentando no hacer mucho ruido con los pies sumergidos en el agua.  Sally iba delante de Amber, extendiendo su brazo hacia atrás para que su compañera la siguiese. La respiración siniestra y profunda, volvió a escandalizar a las dos jóvenes, ambas se detuvieron de nuevo.

— ¿¡Y ahora, lo has oído?! — Preguntó Sally buscando una confirmación.

— ¡Si…! — Contestó susurrante con los ojos como platos.

— ¡Mierda tía, no quiero morir en un húmedo y asqueroso túnel!

— Puede que sea el eco Sally, yo no veo a nadie. — Dijo Amber resuelta.

— ¡¿Qué se supone qué vas a ver, si está todo a oscuras?! — Contestó irritada.

— ¡Sally…! — Una voz masculina, perversa y algo seductora susurró entre las paredes de aquel oscuro corredor.

— ¡Ahhh! — Ambas gritaron a la vez y echaron a correr todo lo rápido que el agua les permitía.

— ¡Vamos Amber, no te quedes atrás! — Sally giró la cabeza, sin dejar de correr, para ver a su compañera, pero allí no había nadie, Amber había desaparecido. — ¡¿Amber?! ¡¿Amber dónde estás!? ¡Joder, Amber no pienso ir a buscarte! ¡¿Me oyes?! ¡Voy a salir por patas si no contestas ahora mismo! — Esperaba, inmóvil, una respuesta de su amiga en la oscuridad. De pronto, notó que alguien la sujetaba por los tobillos, estaba atrapada, no conseguía moverse. — ¡Pero que cojo…!

— ¡¡Buh!! — Mike apareció justo delante de ella con la linterna en su cara, a Sally se le paró el corazón del susto.

— ¡Serás imbécil! — Golpeó a Mike en el hombro algo cabreada. Amber estaba con él, los dos reían burlándose de ella. — ¡Estáis locos, casi me cago del susto!

— ¡Eres una miedosa! ¿Creías que era un monstruo? — Dijo Mike bromeando.

— ¡Ja, ja, muy graciosos! Y a ti ya te vale tía. — Le recriminó a Amber. — ¿Cuál de los dos ha tenido la genial idea de agarrarme por los tobillos?

— ¡No te hemos agarrado por los tobillos! ¡¿Qué pasa Sally, te has metido algo para una mayor experiencia cultural?! — Contestó Mike, Amber y él se rieron.

— ¡¿Qué?! ¡No! — Dijo Sally confusa.

— Oye, necesito un favor… ¿Puedes cubrir a Amber de la loca de Rose? — Le rogó Mike.

— ¿Cubrirla?

— Si, nos vamos a “explorar”, ya me entiendes. A mi me cubre Elmer, ¿puedes cubrir tú a Amber? — Preguntó él.

— ¡¿Qué?! ¡No! ¡No voy a meterme en líos porque estéis salidos!

— ¡Venga, porfa Sally! — Le suplico Amber. — No vamos a hacer nada malo. — Amber sujetó a su amiga por el brazo y la alejó unos metros de Mike para hablar en intimidad. — ¡Por favor, me gusta mucho! Además, con el rollo de las cabañas separadas no podremos estar juntos ni un rato. ¡Hazlo por mi! — En voz bajita, Amber rogó a su amiga juntando las manos a modo de rezo. — Te prometo que no va a pasar nada, te deberé un favor.

— ¡Un gran favor! — Señaló Sally apuntándola con el dedo. Miró los ojitos enamorados de su amiga y se ablandó. — ¡Vaaaale… está bien! ¡Pero sólo una hora!

— ¡¡Si!! ¡Gracias, gracias! Te prometo que en una hora estamos de vuelta.

— ¡Venga largaos! — Sally empujó a su amiga con cariño. — ¡Eh, tú…! — Señaló a Mike. — ¡Como te pases de la raya te cortaré esas dos canicas a las que tu llamas huevos! ¿Entendido?

Mike hizo un saludo militar muy firme, posó su brazo por encima del hombro de Amber y ambos se marcharon. Sally miró hacia el suelo, alumbrando el agua con su móvil, ella estaba segura de que algo la había atrapado ahí abajo. Continuó caminando hasta reunirse con el grupo. sin darle más importancia.

Mike y Amber salieron del túnel emocionados, con muchas ganas de desaparecer y estar a solas por fin. Subieron por unas escaleras de piedra que estaban a la derecha de aquel pasaje. 

— ¿A dónde vamos? — Preguntó Amber animada.

— Tú sígueme. — Mike se paró un instante, la miró y la besó despacio. — Créeme, te va a encantar. — Ambos continuaron caminando entre el espeso follaje de los árboles.

La cabeza de Amber daba mil vueltas, ese beso la había dejado alucinada, se sentía como si flotara entre las nubes. Mike, experto y sabio seductor, sabía perfectamente cómo hacer que una inocente y poco experimentada chica, cayera entre sus brazos. Con un poco de atención durante los mensajes, una pizca de pillería, con la broma en el túnel, mínima valentía arriesgándose a que le pillaran sólo por estar con ella, unas cucharadas bien gordas de romanticismo, utilizando ese beso y la forma de sujetarla de la muñeca con tanta dulzura, con todo eso…, estaba completamente seguro de que Amber acabaría ese día haciendo todo lo que él quisiese. 

Tras un rato caminando, Mike apartó algunas ramas y matojos para pasar entre ellos, ¡cómo no…! Ofreció su mano a Amber y la sujetó por la cintura para hacerla pasar al otro lado. Para culminar su cortejo, a Amber se le quedaron los ojos como bandejas, al ver el espectacular oasis al que la había llevado. Un precioso lago de agua verde cristalina, de la más pura agua, que caía en cascada por un acantilado rocoso, rodeado de multitud de ostentosas flores que maquillaban el paisaje con mil colores. 

— ¡Oh dios mío! — Exclamó Amber. — ¡Mike esto es precioso!

— ¿Te gusta?

— ¡¿Que si me gusta?! ¡¡Esto es un paraíso!! — Amber se adelantó para observar de nuevo todo lo que la rodeaba. — ¿Cómo has encontrado este sitio?

— Ayer, Elmer, los chicos y yo, nos escapamos por la noche para investigar por el bosque.

— ¿Investigar? — Preguntó Amber poco convencida.

— Bueno… nos fuimos a beber unas cervezas, la pesada de Rose no permite nada de alcohol durante la excursión, así que nos fuimos a escondidas, buscamos un buen sitio y encontramos esto. — Amber desaprobaba ese tipo de travesuras, Mike se dio cuenta y se acercó a ella despacio, posando sus manos en su cintura. — Quise traerte aquí en cuanto lo vi. — Amber sonrió de nuevo y agachó su mirada con timidez. Mike sujetando su barbilla, continuó con el discurso de cortejo. — Le dije a Elmer que este era el lugar perfecto para traer a mi chica.

— ¡¿Tu chica?! — Se sorprendió ella intentando ocultar su emoción.

— ¿Quieres ser mi chica, Amber? — Mike la besó tranquilo.

— Si… — Contestó ella.

Se besaron apasionadamente durante unos instantes, después, Mike se quitó la camiseta frente a ella.

— ¡Espera Mike! — Amber le puso el freno. — No puedo hacer esto, es demasiado rápido.

— ¿El qué? ¿Darte un baño? — Mike continuó desnudándose hasta quedarse en ropa interior. — ¡Vamos! ¡Seguro que está buenísima! ¿No quieres probarla? 

Amber sonrió, ladeó la cabeza mirando a Mike de arriba abajo, no podía creer que ese era su novio. Atlético, varonil, guapo a rabiar, sin duda Amber estaba ilusionada con todo lo que le estaba pasando. Un sueño para ella.

— ¡Estás loco! — Contestó riendo.

— ¡Venga, te vas a perder lo mejor de esta excursión! — Mike se adelantó y se metió en el agua, se sumergió, buceó unos metros y volvió a la superficie. — ¡Está buenísima!

Ella se decidió al final, no quería que la tachara de aburrida, además, era su chico, no iba a hacerle nada malo, se suponía que él la protegería… Se quitó la ropa con poca gracia y mucha vergüenza, Mike la miraba desde el agua, relamiéndose al ver su cuerpo casi desnudo. Amber metió sus pequeños pies descalzos en el lago templado de aquel edén, avanzó hacia él y se sumergió hasta estar juntos. Se abrazaron mojados, húmedos, excitados, él más que ella. 

— Eres preciosa. — Dijo el encandilador. Ella sólo pudo ruborizarse.

Volvieron a los besos y a las caricias bajo el agua. Amber comenzaba a sentirse algo incómoda, Mike la acariciaba por zonas bastante íntimas.

— ¡Mike, te he dicho que eso no va a pasar! — Le frenó de forma educada.

— Lo sé, sólo estamos divirtiéndonos, no pasa nada. — La besó de nuevo y sin hacer caso a sus peticiones, volvió a sobrepasarse.

— ¡Mike, he dicho que no! — Amber lo apartó cabreada.

— ¡¿En serio?! — Dijo él sorprendido y chulesco. — ¡¿Vas a desaprovechar este momento?! 

— ¡Podemos ir más despacio! — le reclamó ella.

— ¡¿Despacio?! ¿Cómo que despacio? ¡Me has estado calentando todo este tiempo con los putos mensajitos y ahora…! ¿Quieres ir despacio? — Mike estaba algo agresivo.

— ¡Eres un capullo! — Amber se alejó hacia la orilla.

— ¿A dónde vas? — Le gritó Mike.

— ¡Que te den Mike! — Amber salió del agua y cogió su ropa, tapándose rápidamente.

— ¡Vale, venga, vete! ¡Eres una niñata de mierda, ningún tío querrá estar contigo si te portas así! ¡Madura Amber!

Tras esas palabras tan insultantes de su nuevo “ex-chico”, Amber vio la ropa de Mike tirada entre las rocas, decidió vengarse y la cogió para dejar que, aquel baboso imbécil, hiciera el ridículo yendo desnudo por toda la isla.

— ¡¿Qué coño haces Amber?! ¡Deja mi ropa donde estaba! — Mike estaba muy cabreado.

— ¡Así verá todo el mundo lo capullo que eres!

— ¡Vamos nena, era una broma, no me hagas esto! ¡Venga, ven, lo solucionaremos! — Suplicó él.

Amber intentó ignorarle dándole la espalda, mientras se secaba y se vestía, 

Algo se movió bajo los pies flotantes de Mike, él lo sintió, miró hacia el fondo, pero no vio nada, el agua se había vuelto espesa y turbia a su alrededor. Pensó que quizás había sido algún tipo de pez de río. De nuevo, le volvió a rozar… Mike sintió un escalofrío por todo su cuerpo, aunque no tenía porque asustarse, pensó que los peces no eran carnívoros, estaba a salvo… Aunque el siguiente roce, no fue con la misma cortesía, algo pasó junto a él, otra vez, y le cortó en el tobillo. 

— ¡¡Ahhh!! — Mike gritó de dolor mientras intentaba alcanzar su pie bajo el agua, la sangre se expandió por el lago de forma rápida. — ¡Amber algo me ha mordido!

Ella continuó ignorándolo, no se creyó su lamento infantil.

Mike avanzó un poco hacia la orilla para salir  pero, otro latigazo bajo el agua le hizo un corte en una de las piernas, volvió a gritar y se retorció.

— ¡¡¡Ahhh!!! ¡Amber por favor estoy sangrando!

— ¡Pues sal del agua, yo no pienso meterme a por ti! — Amber cogió su teléfono móvil para ver si Sally la había escrito, le importaban muy poco los caprichos de Mike.

Mike, malherido, intentó avanzar de nuevo hacia la orilla pero, no pudo. Sus pies estaban incrustados en el fondo, como si la arena los absorbiera hacia abajo, sentía presión en las piernas, lo intentó con fuerza, no fue capaz.

— ¡¿Pero que coño…?! — Se asustó al ver que sus pies estaban atrapados, estaba herido y confuso. — ¡Amber, ayúdame, no puedo salir!

— ¡Deja de hacer el imbécil, esta vez no voy a picar!

— ¡No es una bro… ! — No pudo terminar la frase cuando algo o alguien tiró de su cuerpo hacia abajo, hundiéndolo por completo de una forma brusca. Mike estaba bajo el lago, las aguas se movían con fuerza debido a su lucha para poder salir a la superficie, pero no conseguía asomar la cabeza para respirar, se estaba quedando sin aire, le dolían las piernas por las heridas y la sangre se entremezclaba con la espuma del agua agitada.

— ¡Vale Mike, deja de hacer el ridículo! ¡Ya está bien! — Amber empezaba a ponerse nerviosa, creía que estaba jugando con ella, aunque dudaba de si era verdad o no.

De pronto, la lucha de Mike por salir, cesó, el lago volvió a su calma total y Mike desapareció por completo.

— ¡¿Mike?! — Amber lo llamó dudosa acercándose a la orilla. — ¡No tiene gracia! — Observó el lago con impaciencia, esperaba nerviosa a que él saliera de una vez por todas y asumiera la broma, pero no salía y el miedo comenzó a retumbar en su conciencia. — ¡¡¡Mike!!! ¡¡¡Mike!!! — Lo llamó una y otra vez sin respuesta, cuando, de repente, él volvió a resurgir a la superficie.

Salió del fondo con ímpetu, seguía luchando por su vida. Amber se quedó petrificada al ver parte del rostro de Mike desgarrado, la piel se le caía a tiras y la sangre brotaba sin cesar. El lado derecho de su cuerpo musculoso estaba despedazado, podían verse parte de sus costillas asomando hacia el exterior. Amber abrió sus ojos de par en par, el terror se apoderó de ella. Veía cómo Mike seguía esforzándose, retorciéndose y gritando de dolor, un dolor inimaginable. Era como si algo lo tuviera sujeto, pero ella no podía ver nada, no había nada en el agua a parte de él. Entonces decidió ayudarle, soltó las ropas y el móvil y se acercó más a la orilla para meterse dentro y socorrerlo.

Algo sucedió, cuando Amber puso sus pies en el agua tintada por la sangre. El ser, la bestia, el animal, que era imperceptible a su vista, cesó… Soltó a su presa por unos instantes. Ella creyó que eso era bueno, que podría salvarlo, pero no era del todo así. Mike, entre dolor, sollozos y llantos, la miró.

— ¡No Amber, no lo hagas! — Alargó su brazo arañado y medio roto, en señal de freno para que no siguiera adelante. — ¡Vete, por favor, no quiero que te haga daño!

— ¡¡Mike tengo que ayudarte!! — Las lágrimas recorrían el rostro de ambos.

— ¡¡No, Amber, no puedes!! — Advirtió casi sin voz.

— ¡Dime qué te está haciendo esto! ¡Mike, no puedo verlo! — dijo asustada. — Creo que se ha ido, entraré a por ti.

— ¡¡No!! ¡No dejaré que te coja! — Los ojos de Mike estaban casi sin vida, pero todavía la miraba con cariño. — ¡Tienes que irte Amber! —Imploró.

—¡Entraré a por ti y los dos saldremos de aquí juntos! —Exclamó Amber con cierto enfado y decisión.

—¡¿No lo ves?! ¡Yo ya estoy muerto Amber! —Dijo Mike con lágrimas en los ojos. —Perdóname… —y sin más, Mike se sumergió en el agua para desaparecer. El ser lo atrapó de nuevo para arrastrarlo hasta el fondo del lago, Mike dejó de sufrir.

—¡¡No!! —Gritó ella.

Amber corrió, corrió todo lo que pudo entre los árboles, sin rumbo, sin un claro destino, estaba perdida, sólo podía oír los gritos de Mike en su cabeza, la visión de su perfecto y joven cuerpo desmembrado en pedazos, las lágrimas que recorrieron su cara antes de morir, los besos dulces y tiernos que le había regalado. Todo aquello inundaba su razón y no conseguía aclararse, estaba desorientada y en shock. Se tapó los oídos con las manos, apretando fuerte, muy fuerte, para sacar todo aquello de su mente. Cayó de rodillas entre la arboleda y allí, con un gritó ensordecedor, se desplomó.

¡Nos vemos en el capítulo dos!

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